LabEco

LabEco › Sociología Económica › El fetichismo de la mercancía en Marx

Módulo 7 · Sección B · Tema 4

El fetichismo de la mercancía en Marx

"El mercado reaccionó con nerviosismo", "el precio del litio se disparó", "el dólar subió": ¿quién hizo, realmente, esas cosas?

Cosas que parecen actuar por sí solas

Es habitual leer titulares como "el mercado reaccionó con nerviosismo", "el precio del litio se disparó" o "el dólar subió frente al boliviano". El lenguaje describe a los mercados, los precios y las monedas como si tuvieran voluntad propia: reaccionan, se disparan, suben, se calman. Pero ni el mercado, ni el precio, ni el dólar son personas, no pueden reaccionar a nada por sí mismos.

Detrás de cada uno de esos movimientos hay decisiones humanas concretas: productores que ajustan cuánto litio ofrecen, compradores que deciden pagar más o menos, bancos centrales que cambian tasas de interés. El lenguaje cotidiano, sin embargo, borra a esas personas y les atribuye vida propia a las cosas y a los precios. Marx tiene un nombre preciso para este fenómeno: el fetichismo de la mercancía.

El fetichismo de la mercancía: cuando las cosas parecen tener vida propia

En 'El Capital' (1867), Marx observa que en una economía basada en el intercambio de mercancías, el valor de un objeto (expresado en su precio) aparece como si fuera una propiedad natural del objeto mismo, como su peso o su color. Pero ese valor, sostiene Marx, en realidad expresa una relación social: el trabajo de productores que, sin necesariamente conocerse entre sí, coordinan su actividad a través del mercado (esta idea de la coordinación entre productores desconocidos ya apareció en B.1, al hablar del dinero según Simmel).

Esa relación social entre personas (productores que dependen unos de otros) queda oculta detrás de lo que aparenta ser una relación entre cosas ("la mercancía A vale lo mismo que dos mercancías B"). Al fenómeno de que una relación social termine apareciendo disfrazada de relación entre objetos, Marx lo llama fetichismo de la mercancía.

La analogía religiosa y el lenguaje cotidiano que la revela

Marx compara este fenómeno con el fetichismo religioso: un ídolo, fabricado por manos humanas, termina apareciendo ante sus propios creadores como si tuviera poder y voluntad propia, independiente de quienes lo hicieron. De manera análoga, las mercancías, producidas por trabajo humano, parecen cobrar vida propia en el mercado: el precio sube, el mercado reacciona, el dólar se dispara, como si tuvieran voluntad, y terminan ejerciendo un poder real sobre la vida de las personas que las produjeron (una empresa cierra, una familia pierde ingresos, porque "el mercado así lo decidió").

El lenguaje económico cotidiano, los titulares del problema inicial, es, para esta perspectiva, evidencia de que el fetichismo de la mercancía no es solo una idea abstracta de un libro del siglo XIX: es una forma de hablar (y de pensar) profundamente instalada incluso hoy.

Cita textual
«Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global, como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 88

Cita textual
«A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 89

Preguntas para pensar

Ejercicios y simulaciones de este tema

Abrir con los ejercicios interactivos

Los ejercicios, las simulaciones y la autoevaluación funcionan en la plataforma LabEco.