LabEco › Historia Económica de América Latina › De colonos a clase-etnia: la formación aymara y la Guerra del Gas
Módulo 3 · Sección G · Tema 3
De colonos a clase-etnia: la formación aymara y la Guerra del Gas
¿Cómo se convierte una masa de trabajadores explotados y dispersos en un sujeto colectivo capaz de derrocar a un gobierno — y qué llevó a miles de aymaras del Altiplano Norte de La Paz a vivir la insurrección de octubre de 2003 como una guerra?
"Mi padre... cargaba como si fuera un jumento"
En 1942, en la localidad de Ajllata, Altiplano Norte de La Paz, nació Felipe Quispe Huanca. Su madre cocinaba y cuidaba animales en la hacienda de un patrón; su padre, Gavino Quispe Kayllante, transportaba productos agrícolas hasta La Paz, cargándolos él mismo en su propio cuerpo cuando la tracción animal no alcanzaba.
Décadas después, ese mismo Felipe Quispe Huanca, conocido públicamente como "El Mallku", sería uno de los dirigentes campesinos aymaras más influyentes de Bolivia, protagonista de la CSUTCB y de las movilizaciones que en septiembre y octubre de 2003 derivaron en la Guerra del Gas y la caída de un presidente.
Entre esas dos escenas, el padre convertido en bestia de carga y el hijo al frente de una insurrección nacional, hay una historia larga: la de cómo miles de colonos de hacienda, tratados durante generaciones como "instrumentos vivos", se transformaron en un sujeto colectivo capaz de organizarse, reconocerse entre sí y disputar el poder del Estado.
La animalización del colono: el cuerpo como instrumento
Antes de la Reforma Agraria de 1953, el régimen de servidumbre en las haciendas del Altiplano Norte de La Paz no solo explotaba el trabajo de los colonos: los trataba explícitamente como bestias de carga. Orellana Aillón recoge el testimonio del propio Felipe Quispe Huanca sobre sus padres, y lo pone junto a otros similares para mostrar que no era una experiencia aislada.
«Bueno mis padres… han sido esclavos, hacían trabajo gratuito para el patrón feudal, o sea…, los mit’ani, el esliro, awatiri, el khumuntane, el kamani… tenían distintos nombres según la región.»
Felipe Quispe Huanca — Entrevista a Felipe Quispe Huanca, Sopocachi, La Paz, 12 de octubre de 2006, citada en Orellana Aillón (2024), p. 62. El propio dirigente que tres décadas después encabezaría la CSUTCB y las movilizaciones de 2003 describe a sus padres como esclavos del patrón feudal.
«Mi padre, tenía que ser bestia de carga, así, bestia, un instrumento vivo del… del patrón, cargaba como si fuera un jumento, me daba pena, ¿no?, ver a mi padre, sus manos… en dos días tenía que cargar eso, en su lomo, y, también como los animales, cargar productos agropecuarios.»
Felipe Quispe Huanca — Entrevista a Felipe Quispe Huanca, Sopocachi, La Paz, 12 de octubre de 2006, citada en Orellana Aillón (2024), p. 63. "Instrumento vivo": la animalización no es una figura retórica de Orellana Aillón, es la palabra que usa el propio entrevistado para describir la condición de su padre.
Voces de la servidumbre y análisis de la clase: qué muestra cada tipo de fuente
La formación de la clase trabajadora aymara se reconstruye a partir de testimonios y de un análisis, que responden preguntas distintas.
La experiencia. Felipe Quispe recuerda que su padre «tenía que ser bestia de carga, un instrumento vivo del patrón»; Emilio Laura Marquina cuenta que a su padre lo trataban «así como animal», con chicote y patadas. Son relatos de la servidumbre desde quienes la vivieron o la oyeron de sus padres.
La continuidad. Omar Antonio Mamani, sobre octubre de 2003, recuerda que decían que iban a matarlos «como a las moscas»: la animalización reaparece décadas después.
El análisis. Orellana Aillón elige el término «clase trabajadora» y no «clase obrera» por su composición artesanal, manufacturera y heterogénea, y por la conciencia de clase que expresan sus informantes.
Los testimonios muestran cómo se vivió el trato; el análisis explica por qué esa experiencia compartida unifica a trabajadores muy heterogéneos.
El castigo físico como método disciplinario
La animalización no terminaba en el trabajo forzado: se reforzaba con castigo corporal sistemático, usado para producir sumisión y obediencia. Emilio Laura Marquina, otro entrevistado, describe lo que su padre vivió en una hacienda de Warisata.
«Sufría nuestro padre, con chicote, a patadas, así sufría, dice, así como animal trataban, dice, siempre contaba nuestro padre.»
Emilio Laura Marquina — Entrevista a Emilio Laura Marquina, Achacachi, 4 de octubre de 2007, citada en Orellana Aillón (2024), pp. 65-66. Guarda esta frase: 'así como animal trataban' va a reaparecer, casi con las mismas palabras, setenta años después, durante la masacre de octubre de 2003.
De la hacienda a la fábrica: la nueva clase trabajadora aymara de El Alto
Después de la Reforma Agraria, y sobre todo desde los años 70 y 80, miles de excomunarios y colonos migraron a la ciudad de El Alto. Ahí no encontraron una gran fábrica unificadora, sino talleres pequeños, trabajo artesanal, changas y contratos inestables. Por eso Orellana Aillón elige con cuidado el nombre de la categoría que usa para describirlos: no 'clase obrera' en sentido estricto, sino 'clase trabajadora', unificada menos por el lugar de trabajo que por una experiencia y una conciencia compartidas.
«Para describir esa constelación social se utilizará la categoría más general de "clase trabajadora", y no la categoría más técnica y rigurosa de "clase obrera". Esto tiene que ver con su composición artesanal, manufacturera, heterogénea y de naturaleza combinada, así como con la conciencia de clase expresada por las voces de mis entrevistados, es decir con su autodefinición clasista en tanto trabajadores explotados.»
Lorgio Orellana Aillón — ¡Ahora sí, Guerra civil! (2024), p. 164. Es el mismo criterio thompsoniano de G.1: lo que unifica a la clase no es la homogeneidad del puesto de trabajo, sino la conciencia y la autodefinición compartidas 'en tanto trabajadores explotados'.
"Aquí hay que sufrir, aquí hay que aguantar"
Esa explotación cotidiana en El Alto tenía un lenguaje propio, que Orellana Aillón registra en las entrevistas. Luis Flores Mendoza recuerda cómo lo recibieron el primer día como obrero de limpieza urbana en la Alcaldía de El Alto.
«Aquí se trabaja así, aquí es sucio, aquí hay que sufrir, aquí hay que trabajar a partir de las 5 de la mañana hasta la una de la tarde.»
Luis Flores Mendoza — Entrevista a Luis Flores Mendoza, El Alto, abril de 2006, citada en Orellana Aillón (2024), p. 168. 'Tienes que aguantar' era, según Orellana Aillón, una experiencia compartida por muchos trabajadores alteños de esta generación, más allá del oficio específico de cada uno.
El eco de la animalización: de la hacienda a la masacre de 2003
El 9 de octubre de 2003, en la carretera a Oruro, el obrero Omar Antonio Mamani volvía en bicicleta de su trabajo cuando fue baleado por soldados. Antes de los disparos, escuchó algo que Orellana Aillón subraya explícitamente como parte de un patrón histórico más largo.
«Gritaron que no querían ver a nadie, ni a una mosca, sino que nos iban a matar como a las moscas.»
Omar Antonio Mamani — Testimonio recogido en Ministerio Público de la Nación, Fiscalía del Distrito, La Paz, citado en Orellana Aillón (2024), p. 363. Compara esta frase con la de Emilio Laura Marquina sobre su padre colono: 'así como animal trataban'. Setenta años y un régimen político distinto de por medio, y la misma lógica de deshumanización reaparece en el momento de la represión.
En diálogo con G.1 y G.2: dos clases-etnia en pugna por el Estado
Lo que estudiaste en esta subsección es la contracara exacta de G.2. Mientras la gente decente se reproducía mediante colegios exclusivos y matrimonios cruzados para conservar el Estado, del otro lado miles de excolonos, explotados, castigados, tratados como bestias de carga, se fueron organizando durante décadas en sindicatos campesinos, talleres, juntas vecinales y una memoria compartida de servidumbre, hasta constituirse en una clase-etnia capaz de disputar ese mismo Estado. Octubre de 2003 no fue el choque entre 'el gobierno' y 'la gente': fue el choque entre dos clases-etnia históricamente formadas, cada una a través de su propio proceso de organización, reconocimiento mutuo y conciencia compartida, exactamente el criterio que aprendiste a aplicar desde G.1.
Preguntas para pensar
- Felipe Quispe Huanca pasó de ser hijo de colonos tratados 'como animales' a ser dirigente nacional de la CSUTCB. ¿Qué procesos concretos, organizativos, educativos, políticos, hacen falta para que una experiencia de explotación personal se transforme en liderazgo colectivo?
- La frase 'así como animal trataban' aparece tanto en el testimonio sobre el régimen de hacienda como en el de la masacre de 2003. ¿Puedes identificar otros momentos de la historia boliviana o latinoamericana donde reaparezca ese mismo lenguaje de deshumanización hacia un grupo social?
- En G.2 viste cómo se organiza una clase-etnia dominante (colegios, matrimonios); en G.3, cómo se organiza una clase-etnia subalterna (sindicatos, juntas vecinales). ¿Qué recursos tenía cada una disponibles, y por qué eso importa para entender por qué la Guerra del Gas terminó como terminó?
- Si tuvieras que investigar un conflicto social actual en Bolivia con el método de Orellana Aillón, ¿qué evidencia buscarías para saber si un grupo afectado está organizado como clase-etnia real, o si sigue siendo un 'costal de papas' estadístico?
Ejercicios y simulaciones de este tema
- Testimonios y análisis de la formación aymara
- ¿Costal de papas o clase-etnia real? Aplica el método a la formación aymara
- Comprueba lo aprendido
Los ejercicios, las simulaciones y la autoevaluación funcionan en la plataforma LabEco.