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LabEco › Historia Económica de América Latina › La CEPAL, la industrialización por sustitución de importaciones y el capitalismo de Estado

Módulo 3 · Sección F · Tema 2

La CEPAL, la industrialización por sustitución de importaciones y el capitalismo de Estado

'O petróleo é nosso' ('el petróleo es nuestro') fue el lema de la campaña popular que en 1953 llevó a Brasil a crear Petrobras, su empresa petrolera estatal. ¿Por qué, en las décadas centrales del siglo XX, tantos países latinoamericanos llegaron a la misma conclusión: que el Estado, y no el mercado ni el capital extranjero, debía liderar la industrialización?

'El petróleo es nuestro': el Estado como motor industrial

En 1953, tras una intensa campaña popular con el lema 'O petróleo é nosso', el gobierno brasileño de Getúlio Vargas creó Petrobras, la empresa petrolera estatal que desde entonces controlaría la exploración, refinación y comercialización del petróleo en Brasil. No fue un caso aislado: Argentina ya contaba desde 1922 con YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), y México había nacionalizado su petróleo en 1938 bajo Cárdenas (como viste en E.3). En 1941 Brasil también había inaugurado la planta siderúrgica de Volta Redonda, la primera gran industria pesada estatal de América del Sur, construida con financiamiento estadounidense obtenido a cambio del apoyo brasileño a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, como símbolo de una nueva era de industrialización dirigida por el propio Estado.

Estos casos, cada uno con su propia historia particular, formaban parte de una tendencia regional mucho más amplia: la convicción, cada vez más extendida entre economistas y gobiernos latinoamericanos de mediados del siglo XX, de que ni el mercado libre ni el capital extranjero, cuyo comportamiento este módulo viene documentando desde la Sección D, iban a liderar espontáneamente la industrialización de la región. Si iba a ocurrir, tendría que ser el propio Estado quien la impulsara directamente.

La CEPAL convierte una necesidad en doctrina

Como viste en E.3, la tesis de Raúl Prebisch sobre el deterioro de los términos de intercambio proporcionó la base intelectual para una conclusión política concreta: si el comercio internacional, tal como estaba estructurado, perjudicaba sistemáticamente a los exportadores de materias primas, entonces la única salida real era construir una industria propia que redujera la dependencia de las importaciones. La CEPAL, bajo la dirección de Prebisch, sistematizó durante la década de 1950 lo que ya había surgido de forma más espontánea durante la crisis de 1929-30 (vista en E.2): la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), ahora como política de Estado deliberada y planificada, no como respuesta de emergencia.

La socióloga Vania Bambirra describió con precisión las etapas típicas de este proceso: la sustitución se realiza primero en el sector de bienes de consumo liviano (textiles, alimentos procesados), pasa después hacia los bienes de consumo duradero (electrodomésticos), llega a los bienes de producción intermedios, y por último, solo en los países que avanzan más, al sector de bienes de producción pesados (maquinaria industrial). Cada etapa requería más capital, más tecnología y un Estado más activo como planificador, financista y, en muchos casos, productor directo a través de empresas públicas: el modelo que se conoce como capitalismo de Estado.

Cita textual
«Los mecanismos de este proceso ya de sobra analizados en la literatura económica del continente, consistieron fundamentalmente, en su primera etapa, en el remplazo de las manufacturas extranjeras por las nacionales... La substitución se realiza, en un primer momento, en el sector de bienes de consumo livianos, pasa después hacia los bienes de consumo duradero, llega a los bienes de producción intermedios y, por último, al sector de bienes de producción pesados.»

Vania Bambirra — El capitalismo dependiente latinoamericano (1978), cap. IV

Una hegemonía comprometida: la burguesía industrial no reemplaza a la oligarquía, negocia con ella

Un punto central del análisis de Bambirra es que este proceso de industrialización, pese a su magnitud, no representó una ruptura revolucionaria del poder de las viejas clases dominantes. La nueva burguesía industrial latinoamericana logró, en efecto, una posición de liderazgo económico y cierta influencia política, lo que Bambirra llama, con matices, una 'revolución burguesa' en sentido latinoamericano específico, pero nunca desplazó por completo a las oligarquías terratenientes, mineras, comerciales y exportadoras que dominaban desde el siglo XIX (vistas en las Secciones C y D de este módulo). En cambio, ambos sectores llegaron a una convivencia tensa: la industria necesitaba el mercado interno generado en parte por el sector exportador tradicional, y este a su vez se beneficiaba de la protección arancelaria y el gasto estatal que financiaba, indirectamente, buena parte del proceso industrializador.

Bambirra llama a esta situación 'hegemonía burguesa comprometida': la burguesía industrial se convierte en la clase dominante en términos económico-sociales, pero de forma condicionada y limitada, sin poder cuestionar radicalmente los privilegios de las oligarquías preexistentes ni resolver, por ejemplo, la cuestión de la reforma agraria pendiente en la mayoría de los países. Este compromiso definiría el carácter específico, y según esta corriente teórica, los propios límites, del capitalismo dependiente latinoamericano durante buena parte del siglo XX, hasta la crisis del modelo que vas a estudiar en F.3.

El contraste con Asia: el mismo problema, una salida distinta

Mientras América Latina profundizaba la ISI durante los años cincuenta y sesenta, un pequeño grupo de economías del sudeste asiático, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán, conocidas después como los 'cuatro dragones', tomó la decisión contraria: reformar su política económica hacia la promoción de exportaciones manufacturadas al resto del mundo, justo en el mismo momento (finales de los años cincuenta) en que la CEPAL consolidaba su doctrina de sustitución de importaciones.

El historiador económico Victor Bulmer-Thomas documenta que, todavía en 1967, un documento oficial de la CEPAL sostenía que los países en desarrollo no tenían los recursos ni la capacidad técnica para competir con las exportaciones manufactureras de las economías industrializadas: el mismo pesimismo exportador que, según Bulmer-Thomas, seguiría marcando el pensamiento cepalino durante años, justo mientras Corea del Sur y Taiwán construían su industrialización sobre la base exactamente contraria: competir en los mercados mundiales desde el principio.

Síntesis del enfoque
Todavía en 1967 un documento de la CEPAL declaraba que los países en vías de desarrollo no tenían los recursos ni la capacidad técnica necesarios para competir con otros, aun en la zona en desarrollo, y mucho menos en las regiones industrializadas... Sin embargo, aunque unas cuantas naciones del sudeste de Asia —en especial Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán— escogieron ese momento (a finales de los cincuenta) para reformar su política en favor de la promoción de exportaciones manufacturadas al resto del mundo, América Latina seguía convencida de que los obstáculos que se interponían a sus exportaciones industriales eran abrumadores.

Victor Bulmer-Thomas — La historia económica de América Latina desde la Independencia (1998 (ed. electrónica FCE, 2017))

El mismo proceso visto desde dentro y desde el contraste asiático

La industrialización por sustitución de importaciones se entiende mejor combinando dos miradas.

Desde adentro. Bambirra describe la secuencia típica: primero se reemplazan manufacturas extranjeras por nacionales en bienes de consumo liviano, luego en bienes de consumo duradero, después en bienes de producción intermedios y, por último, en bienes de producción pesados. Es una secuencia que exige cada vez más capital y tecnología.

Desde el contraste. Bulmer-Thomas observa que, todavía en 1967, la CEPAL declaraba que los países en desarrollo carecían de recursos y de capacidad técnica para competir; mientras tanto, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán, a fines de los cincuenta, reformaron su política hacia la promoción de exportaciones manufacturadas. América Latina, en cambio, seguía convencida de que los obstáculos a las exportaciones industriales eran abrumadores.

La primera mirada explica cómo avanzó el modelo y la segunda, qué alternativa se desaprovechó: ambas muestran que la sustitución tuvo una lógica propia, pero no era la única salida posible.

Preguntas para pensar

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