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LabEco › Historia Económica de América Latina › La crisis de 1929-1930 y sus efectos en América Latina

Módulo 3 · Sección E · Tema 2

La crisis de 1929-1930 y sus efectos en América Latina

Durante la crisis de los años treinta, Brasil llegó a quemar millones de sacos de café como combustible para locomotoras, en vez de venderlo, porque no existía comprador dispuesto a pagar un precio que cubriera siquiera el costo de transportarlo al puerto. ¿Cómo una crisis financiera que estalló en Wall Street terminó destruyendo, literalmente, la cosecha de un país entero al otro lado del continente?

Quemar café en vez de venderlo

Entre 1931 y 1944, el gobierno brasileño llegó a comprar y destruir, quemándolo como combustible para calderas de locomotoras y barcos, o directamente arrojándolo al mar, más de 78 millones de sacos de café, en un intento desesperado de sostener artificialmente el precio internacional del grano ante un excedente que ningún comprador podía absorber a un precio rentable. Fue una de las imágenes más extremas de un fenómeno que se repitió, con distintas variantes, en toda América Latina tras el colapso bursátil de Wall Street en octubre de 1929.

La dependencia de las economías latinoamericanas respecto a la exportación de uno o pocos productos primarios, café en Brasil y Colombia, cobre y salitre en Chile, azúcar en Cuba, estaño en Bolivia, carne y trigo en Argentina, banano en Centroamérica, que este módulo viene documentando desde la Sección D, se convirtió, con la Gran Depresión, en una vulnerabilidad brutal: cuando cayó la demanda mundial de materias primas, cayeron con ella los ingresos, el empleo, y la capacidad fiscal de prácticamente todos los gobiernos de la región.

El mecanismo de transmisión: de Wall Street a las aduanas latinoamericanas

La crisis llegó a América Latina a través de un canal muy concreto: el comercio exterior. El colapso de la demanda y de los precios internacionales de materias primas, consecuencia directa de la contracción económica en Estados Unidos y Europa, redujo drásticamente el valor de las exportaciones latinoamericanas. Y dado que la mayoría de los gobiernos de la región dependían, en una proporción muy alta, de los impuestos a la exportación y las tarifas aduaneras para financiar el gasto público (como ya viste en E.1, sobre el control de las aduanas), la caída del comercio exterior se tradujo casi automáticamente en una crisis fiscal generalizada.

Esta crisis fiscal, a su vez, dificultó el pago de la deuda externa que estos países habían acumulado durante las décadas anteriores (vista en la Sección D). Entre 1931 y 1933, la gran mayoría de los gobiernos latinoamericanos, incluidos Brasil, Chile, Perú, Colombia y Bolivia, entraron en cesación de pagos (default) de su deuda externa, incapaces de honrar compromisos financieros asumidos en un contexto económico completamente distinto. El propio régimen del patrón oro, que había vinculado la mayoría de las monedas latinoamericanas a un tipo de cambio fijo respecto al oro, colapsó en cadena en toda la región durante estos mismos años, forzando devaluaciones abruptas.

Una respuesta forzada: más Estado, menos importaciones

Ante la imposibilidad de seguir importando manufacturas al mismo ritmo que antes, por la caída de los ingresos de exportación y la escasez de divisas, varios gobiernos latinoamericanos comenzaron, casi por necesidad más que por convicción ideológica previa, a intervenir más activamente en sus economías: controles de cambio, restricciones a la importación, y en algunos casos el impulso, todavía espontáneo y no planificado como doctrina, a la producción manufacturera nacional de bienes que antes se importaban. Este proceso, conocido más tarde como industrialización por sustitución de importaciones, surgió en gran medida como una respuesta de emergencia a la crisis de 1929-1930, antes de convertirse en una política económica deliberada y sistemática impulsada por la CEPAL a partir de la década de 1950 (tema que vas a estudiar en F.2).

La crisis también dejó una lección política duradera: la enorme vulnerabilidad de economías dependientes de uno o pocos productos primarios de exportación frente a decisiones y crisis tomadas fuera de la región, sin ninguna posibilidad de control local. Esa lección alimentaría directamente, en las décadas siguientes, tanto el pensamiento estructuralista de la CEPAL como las primeras formulaciones de la Teoría de la Dependencia, que vas a empezar a estudiar en E.3.

Preguntas para pensar

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