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LabEco › Historia Económica de América Latina › Librecambismo, proteccionismo y el nuevo orden económico inglés

Módulo 3 · Sección D · Tema 1

Librecambismo, proteccionismo y el nuevo orden económico inglés

Entre 1865 y 1885, más del 65% de todo el capital inglés invertido en América Latina no financió minas, fábricas ni ferrocarriles: fueron préstamos directos a los gobiernos, a menudo con descuentos e intereses cercanos a la usura. ¿Es esto lo que suele entenderse por 'inversión extranjera', o es otra cosa?

Préstamos, no fábricas: la primera forma del capital inglés en América Latina

Tras la independencia, Inglaterra reemplazó rápidamente a España como principal socio comercial y financiero de las nuevas repúblicas latinoamericanas, pero la forma que tomó esa relación no fue, al principio, la de una inversión productiva que modernizara la economía local. Los préstamos de los gobiernos ingleses y banqueros privados a los nuevos gobiernos latinoamericanos, para financiar guerras, sostener el Estado o simplemente pagar deuda anterior, constituyeron el 76,4% del total de las inversiones inglesas en América Latina en 1865, el 74,1% en 1875 y el 65,3% en 1885.

Estos préstamos, además, se otorgaban en condiciones muy favorables para el prestamista: los famosos préstamos ingleses para la emancipación se entregaron, descontadas las 'comisiones' de rigor, a lo mucho un 60% de su valor nominal, es decir, un país recibía 60 libras por cada 100 libras de deuda que se comprometía a pagar, con intereses adicionales sobre el valor nominal completo. Este tema explica por qué esta forma específica de vinculación, financiera, especuladora y usuraria, más que productiva, fue la puerta de entrada del capitalismo inglés a América Latina, antes de la etapa de inversión directa en ferrocarriles y minas que vas a ver en D.2.

Del monopolio español al 'librecambio' inglés: ¿una economía más libre?

La independencia significó, en el plano comercial, el fin del monopolio mercantilista español (visto en B.3) y su reemplazo por el librecambismo: la doctrina, promovida activamente por Inglaterra, entonces la primera potencia industrial del planeta, según la cual el comercio internacional debía ser libre, sin aranceles proteccionistas ni monopolios estatales. En la práctica, este 'librecambio' benefició sobre todo a quien ya tenía la ventaja productiva: Inglaterra exportaba manufacturas industriales (textiles, herramientas, bienes de consumo) a cambio de materias primas latinoamericanas, reproduciendo, con otro nombre y otro socio comercial, la misma división internacional del trabajo que ya existía bajo el dominio colonial español: unos países producen manufacturas, otros producen materia prima.

Esta dinámica confirma, según Agustín Cueva, una regularidad que ya había identificado Marx: el desarrollo autónomo del capital comercial se encuentra en relación inversa al grado de desarrollo de la producción capitalista local. En otras palabras: cuanto más se especializa un país en el comercio (comprar y vender) sin desarrollar su propia industria, más dependiente se vuelve de quien sí la tiene. El capital comercial inglés no llegaba a América Latina para impulsar directamente su industrialización, sino para aprovechar, comercialmente, una estructura productiva que permanecía todavía mayoritariamente precapitalista (como viste en C.3).

Cita textual
«El desarrollo autónomo del capital comercial se halla en relación inversa al grado de desarrollo de la producción capitalista.»

Karl Marx, citado en Agustín Cueva — El Capital, Tomo III (México: Siglo XXI), citado en El desarrollo del capitalismo en América Latina (México: Siglo XXI Editores, 13.ª ed., 1990) (1990), p. 25. Cueva cita El Capital, tomo III, vol. 6 y 7, capítulos XX y XXXVI, pp. 420 y 765.

Relojes en vez de fábricas: la modernización superficial

El capital inglés, en esta primera fase, actuaba desde el interior mismo de las nuevas repúblicas a través de súbditos británicos residentes que gozaban de privilegios comerciales, y no solo desde fuera mediante el comercio directo. Su función principal seguía siendo comercial y usuraria, no productiva: monetizaba por primera vez muchas economías locales, pero no con miras a instalar el modo de producción capitalista, sino para perpetuar actos de comercio especulativo típicos del capital puramente comercial.

El historiador argentino Tulio Halperin Donghi capturó esta superficialidad con una imagen certera: la creciente importación de relojes de bolsillo en la América Latina de mediados del siglo XIX no era, sugiere, precisamente el símbolo de una nueva concepción productiva o industrial del tiempo, como lo habría sido en la propia Inglaterra industrializada, sino más bien un símbolo de consumo suntuario entre las clases dominantes locales, que identificaban el 'progreso' con el consumo de bienes importados de lujo, antes que con el desarrollo real de su propia capacidad productiva. Fue recién hacia 1870-1880, con el auge de la construcción de ferrocarriles (que verás en D.2), que el capital inglés pasó de esta forma comercial-usuraria hacia una etapa de inversión productiva directa mucho más profunda.

Preguntas para pensar

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