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LabEco › Historia Económica de América Latina › La lucha independentista y el nacimiento de las nuevas repúblicas

Módulo 3 · Sección C · Tema 2

La lucha independentista y el nacimiento de las nuevas repúblicas

Entre 1810 y 1825, dos ejércitos libertadores —uno desde el norte, otro desde el sur— recorrieron miles de kilómetros de territorio sudamericano hasta encontrarse. La independencia tomó quince años de guerra casi continua. ¿Por qué tanto tiempo, y qué costó realmente, en términos económicos, ganarla?

Quince años de guerra, dos campañas que convergen

A diferencia de la independencia de Estados Unidos, una guerra de ocho años concentrada en un territorio relativamente compacto, la independencia sudamericana requirió dos campañas militares gigantescas, desarrolladas casi en paralelo desde direcciones opuestas del continente. Desde el norte, Simón Bolívar dirigió la liberación de Venezuela, Nueva Granada (Colombia) y Ecuador; desde el sur, José de San Martín dirigió la liberación de Argentina, cruzó la cordillera de los Andes hacia Chile, y de ahí navegó hacia el Perú, el último gran bastión del poder realista español en Sudamérica.

Ambas campañas convergieron finalmente en el actual Perú y en el Alto Perú (actual Bolivia), donde se libraron las batallas decisivas que sellaron la independencia sudamericana: Junín (agosto de 1824) y, definitivamente, Ayacucho (diciembre de 1824), donde el ejército realista español fue derrotado por última vez en el continente. El Alto Perú, el último territorio en independizarse formalmente, lo hizo en 1825, adoptando el nombre de Bolivia en honor a Bolívar. Pero esta larga guerra no solo tuvo un costo militar y humano: tuvo también, como vas a ver, un costo económico que marcaría a las nuevas repúblicas desde su nacimiento.

Bolívar y San Martín: dos proyectos que finalmente convergen

Simón Bolívar, tras varios intentos fallidos, logró consolidar su campaña con victorias decisivas como la de Boyacá (1819, que aseguró la independencia de Nueva Granada) y Carabobo (1821, que consolidó la de Venezuela); su lugarteniente Antonio José de Sucre completó la liberación de Ecuador en la batalla de Pichincha (1822). José de San Martín, por su parte, había cruzado los Andes con su Ejército de los Andes en una hazaña logística extraordinaria, derrotando a las fuerzas realistas en Chacabuco (1817) y asegurando la independencia chilena, antes de dirigir su expedición naval hacia el Perú.

En julio de 1822, ambos libertadores se reunieron en la ciudad de Guayaquil, en una entrevista privada de la que no existe registro directo y cuyo contenido exacto sigue siendo objeto de debate historiográfico. Lo que sí se sabe con certeza es el resultado: poco después, San Martín renunció a su mando militar y se retiró de la vida pública sudamericana, dejando a Bolívar la tarea de completar la liberación del Perú y el Alto Perú, la fase final de la guerra, que culminaría dos años después en Ayacucho.

El costo económico de la independencia: la fuga de capitales

La guerra de independencia no solo tuvo un costo humano y militar enorme: significó también, en términos económicos, la culminación de un largo proceso de 'desacumulación originaria' que viste en B.1. Agustín Cueva documenta, con cifras concretas, cómo el momento mismo de la emancipación coincidió con una fuga masiva de capitales desde América hacia Europa, el acto final, según su análisis, de la 'misión civilizadora' del colonizador saliente.

En el virreinato de Nueva España (México), solo entre 1821 y 1823, los años inmediatos a la independencia, emigraron riquezas líquidas equivalentes a 20 millones de libras esterlinas. En el virreinato del Perú, se estima que barcos de guerra británicos exportaron metálico por un valor de 26,9 millones de libras esterlinas entre 1819 y 1825. Estas cifras muestran que la independencia política, aunque fue una ruptura real y necesaria con el dominio colonial directo, no vino acompañada de una ruptura económica equivalente: buena parte de la riqueza generada durante los últimos años del período colonial terminó, de todos modos, saliendo del continente, dejando a las nuevas repúblicas independientes con una base económica considerablemente más débil de la que hubieran heredado en otras circunstancias.

Cita textual
«Con respecto al virreinato de Nueva España, por ejemplo, sabemos que en apenas tres años, de 1821 a 1823, emigraron riquezas líquidas equivalentes a 20 millones de libras esterlinas. En cuanto al otro gran virreinato, el de Lima, se ha estimado que los solos barcos de guerra británicos exportaron metálico por un valor de 26.900.000 libras esterlinas entre 1819 y 1825.»

Agustín Cueva — El desarrollo del capitalismo en América Latina (México: Siglo XXI Editores, 13.ª ed. aumentada, 1990) (1990), p. 14. Cueva cita datos de Tulio Halperin Donghi (Hispanoamérica después de la independencia, Buenos Aires: Paidós, 1972, p. 99).

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