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LabEco › Economía Política I › La acumulación originaria del capital

Módulo 20 · Sección H · Tema 5

H.5 La acumulación originaria del capital

¿De dónde salió el capital con que empezó todo?

El ayllu parcelado en 1874: de campesinos con tierra a trabajadores sin ella

En 1874, la Ley de Exvinculación del gobierno de Tomás Frías declaró jurídicamente extinguida la comunidad indígena y ordenó parcelar individualmente las tierras que eran del ayllu. Durante los 40 años siguientes, el proceso permitió una expansión sostenida de las haciendas a costa de la tierra comunal (Historia Económica de Bolivia, B.2). Muchos campesinos perdieron la tierra de la que vivían y quedaron como colonos de hacienda, jornaleros o migrantes.

En otro continente y en otro siglo, Marx describe un proceso de la misma lógica. Este último tema de la materia pregunta cómo, en la historia, se formaron las dos condiciones que el capital supone desde el principio: dinero acumulado en manos de unos pocos y trabajadores libres de todo medio de producción, dispuestos a vender su fuerza de trabajo.

El secreto de la acumulación originaria: el "pecado original" de la economía política

Se vio que el dinero se transforma en capital, que mediante el capital se produce plusvalor y que del plusvalor se obtiene más capital. Pero la acumulación de capital presupone el plusvalor; el plusvalor, la producción capitalista; y ésta, la preexistencia de masas de capital relativamente grandes en manos de productores de mercancías. Todo el proceso parece girar en círculo vicioso, del que solo se puede salir suponiendo una acumulación "originaria" (*previous accumulation*, la llama Adam Smith) previa a la acumulación capitalista: que no es resultado del modo de producción capitalista, sino su punto de partida.

Esa acumulación originaria desempeña en la economía política aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología. Se nos explica su origen contándolo como una anécdota del pasado: en tiempos remotos había, por un lado, una elite diligente y ahorrativa, y por otro una pandilla de holgazanes que dilapidaba todo lo que tenía. Así ocurrió que los primeros acumularon riqueza y los últimos terminaron sin nada que vender excepto su pellejo. De ese pecado original arranca la pobreza de la gran masa, que aún hoy, pese a todo su trabajo, no tiene nada que vender salvo su fuerza de trabajo, y la riqueza de unos pocos.

Marx responde con ironía y con historia: en la historia real, el gran papel lo desempeñan la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo; en una palabra, la violencia. En la economía política, apacible, desde tiempos inmemoriales ha imperado el idilio. En realidad, los métodos de la acumulación originaria son cualquier cosa menos idílicos.

Cita textual
«Esta acumulación originaria desempeña en la economía política aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 891

Cita textual
«En la historia real, el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 892

Cita textual
«En realidad, los métodos de la acumulación originaria son cualquier cosa menos idílicos.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 892

Las dos condiciones: dinero y mercancías por un lado, trabajadores libres por otro

El dinero y la mercancía no son capital desde un primer momento, como tampoco lo son los medios de producción y de subsistencia: requieren ser transformados en capital. Y esa transformación solo se puede operar bajo determinadas circunstancias: es necesario que se enfrenten y entren en contacto dos clases de poseedores de mercancías:

De un lado, los propietarios de dinero, de medios de producción y de subsistencia, a quienes les toca valorizar la suma de valor de la que se han apropiado mediante la adquisición de fuerza de trabajo ajena.

Del otro, los trabajadores libres, vendedores de la fuerza de trabajo propia y, por tanto, vendedores de trabajo. Libres en el doble sentido de que ni están incluidos directamente entre los medios de producción (como sí lo están los esclavos, los siervos de la gleba), ni les pertenecen a ellos los medios de producción (como al campesino que trabaja su propia tierra), hallándose, por el contrario, libres y desembarazados de esos medios.

Con esta polarización del mercado de mercancías están dadas las condiciones fundamentales de la producción capitalista. La relación del capital presupone la escisión entre los trabajadores y la propiedad sobre las condiciones de realización del trabajo. Una vez establecida, la producción capitalista no solo mantiene esa escisión, sino que la reproduce en escala cada vez mayor (H.2). Por eso el proceso que crea la relación del capital no puede ser otro que el proceso de escisión entre el obrero y la propiedad de sus condiciones de trabajo: un proceso que, por una parte, transforma en capital los medios de producción y de subsistencia sociales, y por otra convierte a los productores directos en asalariados.

La llamada acumulación originaria no es, por consiguiente, más que el proceso histórico de escisión entre productor y medios de producción. Aparece como "originaria" porque configura la prehistoria del capital y del modo de producción correspondiente.

Cita textual
«Trabajadores libres en el doble sentido de que ni están incluidos directamente entre los medios de producción —como sí lo están los esclavos, siervos de la gleba, etcétera—, ni tampoco les pertenecen a ellos los medios de producción.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), pp. 892-893

Cita textual
«La llamada acumulación originaria no es, por consiguiente, más que el proceso histórico de escisión entre productor y medios de producción. Aparece como "originaria" porque configura la prehistoria del capital y del modo de producción correspondiente al mismo.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 893

El caso clásico: la expropiación de la población rural en Inglaterra

Marx toma el ejemplo de Inglaterra, donde el proceso adopta su forma clásica: "la expropiación que despoja de la tierra al trabajador constituye el fundamento de todo el proceso". Con la historia local varían las fases, pero la lógica es la misma.

Punto de partida. A fines del siglo XIV la servidumbre de la gleba había desaparecido en Inglaterra. La inmensa mayoría de la población se componía de campesinos libres que cultivaban su propia tierra, cualquiera fuera el rótulo feudal de su propiedad. Disfrutaban además del uso de la tierra comunal, que les daba pasto y leña.

Primer impulso: fines del siglo XV y comienzos del XVI. Una masa de proletarios libres "como el aire" fue arrojada al mercado de trabajo por la disolución de las huestes feudales y por la expulsión violenta de los campesinos de la tierra, sobre la que tenían los mismos títulos jurídicos feudales que el señor. El impulso directo lo dio el florecimiento de la manufactura lanera flamenca y el aumento de los precios de la lana: se transformó la tierra de labor en pasturas de ovejas. En la descripción de un cronista contemporáneo: se arrasaron las viviendas de los campesinos o se las dejó libradas al deterioro.

La legislación se aterroriza. Una ley de 1489 (Enrique VII) prohibió que se demoliera toda casa campesina a la que correspondieran por lo menos 20 acres (unas 8,1 hectáreas) de terreno. Una ley de 1533 se queja de que algunos propietarios poseen 24.000 ovejas, y restringe su número a 2.000. Las quejas populares y la legislación, durante 150 años, resultaron estériles. El secreto de su fracaso lo revela Bacon: la ley de Enrique VII era "profunda y admirable" porque aseguraba explotaciones agrícolas de dimensión normal que permitieran "conservar la mancera del arado en las manos de propietarios y no de alquilones". Lo que exigía el sistema capitalista era, a la inversa, una condición servil de las masas populares, la transformación de las mismas en alquilones y la conversión de sus medios de trabajo en capital.

La Reforma. En el siglo XVI se suma otro impulso: la expropiación colosal de los bienes eclesiásticos. La Iglesia católica era propietaria feudal de gran parte del suelo inglés; la supresión de los monasterios arrojó a sus moradores al proletariado. Esos bienes fueron donados a favoritos del rey o vendidos a un precio irrisorio a arrendatarios y especuladores urbanos, que expulsaron en masa a los antiguos campesinos.

Cita textual
«La expropiación que despoja de la tierra al trabajador constituye el fundamento de todo el proceso.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 895

Cita textual
«Una masa de proletarios libres como el aire fue arrojada al mercado de trabajo por la disolución de las mesnadas feudales.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 897

Cita textual
«Lo que exigía el sistema capitalista era, a la inversa, una condición servil de las masas populares, la transformación de las mismas en alquilones y la conversión de sus medios de trabajo en capital.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), pp. 900-901

Del Estado y la ley al proletario: la violencia legal y la disciplina del trabajo

El proceso de expropiación violenta de las masas populares no terminó con la Reforma. Marx sigue el rastro de la legislación que acompañó el proceso: no solo la expropiación, sino la disciplina de los expropiados.

La legislación inglesa muestra que el Estado y la ley fueron instrumentos del proceso, y no solo sus testigos. Una ley antigua procuró conservar los 4 acres de tierra contiguos a la *cottage* del asalariado agrícola, y le prohibió tomar subinquilinos. Todavía en 1627, bajo Jacobo I, se condenó a un hombre por haber construido una *cottage* sin asignarle los 4 acres como dependencia permanente; en 1638, bajo Carlos I, una comisión real recibió el encargo de imponer la aplicación de esas leyes; y Cromwell prohibió construir casas en un radio de 4 millas de Londres si no se las dotaba de 4 acres. Pero ya en la primera mitad del siglo XVIII se formulaban quejas cuando la *cottage* del obrero agrícola no disponía de más de 1 o 2 acres. La razón de fondo la dicen los propios terratenientes en una cita que Marx recoge: unos pocos acres por *cottage* harían a los trabajadores personas "demasiado independientes".

Una vez que las masas fueron arrojadas del campo, el Estado intervino además con leyes duras para disciplinar a los expropiados y evitar que quedaran como mendigos y ladrones, de modo que se acostumbraran a vender su fuerza de trabajo. Cuando se dan las condiciones históricas más el apoyo del Estado, surge el obrero libre.

Por eso, la acumulación originaria no es una "etapa" que se cierra en un momento y deja atrás un capitalismo ya "puro". Es la prehistoria que sigue siendo condición de existencia: la separación entre quien trabaja y los medios de producción es la base que la reproducción capitalista renueva en cada ciclo (H.2).

Cita textual
«El proceso de expropiación violenta de las masas populares recibió un nuevo y terrible impulso en el siglo XVI con la Reforma y, a continuación, con la expoliación colosal de los bienes eclesiásticos.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 901

Cita textual
«Unos pocos acres por cottage harían de los trabajadores personas demasiado independientes.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 901

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