LabEco › Economía Política I › Taylorismo, fordismo, producción flexible y revolución informática
Módulo 20 · Sección F · Tema 4
F.4 Taylorismo, fordismo, producción flexible y revolución informática
¿Cómo cambió el capital la organización del trabajo después de la gran industria, y qué hay de común entre una cadena de montaje y un algoritmo?
Medir cada gesto, marcar cada ritmo
En una fábrica de ropa, en un centro de llamadas o en un almacén de reparto, el tiempo de cada tarea se mide, se compara con un estándar y se vuelve un objetivo. Quien trabaja sabe cuántas prendas debe coser por hora, cuántas llamadas debe atender por turno, cuántos paquetes debe preparar por jornada, y a veces es una pantalla la que se lo recuerda.
Ese conjunto de prácticas no cayó del cielo: tiene una historia de poco más de un siglo, con nombres propios (taylorismo, fordismo, producción flexible) y una raíz común. Este tema recorre esas formas de organizar el proceso de trabajo y las lee con las categorías ya estudiadas: valor, tiempo necesario, plusvalor relativo, subsunción.
Lo que sigue es una síntesis histórica general de cada forma de organización; el hilo conceptual para leerlas viene de *El Capital*.
El hilo conceptual: separar la concepción de la ejecución
En E.1 se vio que el trabajo humano se distingue del animal por dos momentos: la concepción (idear qué producto y cómo) y la ejecución (realizarlo). En el artesano, los dos momentos viven en la misma persona. Marx muestra cómo el capital los va separando:
En la manufactura, los conocimientos, la inteligencia y la voluntad que desarrollaba el artesano independiente "ahora son necesarios únicamente para el taller en su conjunto": el obrero parcial ejecuta, el taller concibe.
En la gran industria, esa escisión se consuma: las potencias intelectuales del proceso de producción se separan del trabajo manual y se transforman en poderes del capital sobre el trabajo. La habilidad detallista del obrero desaparece como cosa insignificante ante la ciencia incorporada en el sistema de máquinas.
Las formas de organización del trabajo posteriores a la gran industria pueden leerse como respuestas a un mismo problema del capital: cómo controlar el tiempo y el ritmo del trabajo, cómo hacer que el saber del obrero pase a ser propiedad de la empresa y cómo intensificar el trabajo sin aumentar las horas. Son, por eso, métodos de producción de plusvalor relativo (reducen el tiempo necesario por unidad) y de intensificación, y profundizan lo que Marx llama subsunción real.
«Los conocimientos, la inteligencia y la voluntad que desarrollan el campesino o el artesano independientes, aunque más no sea en pequeña escala [...], ahora son necesarios únicamente para el taller en su conjunto.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 439
«La escisión entre las potencias intelectuales del proceso de producción y el trabajo manual, así como la transformación de las mismas en poderes del capital sobre el trabajo, se consuma, como ya indicáramos, en la gran industria, erigida sobre el fundamento de la maquinaria.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 516
La intensidad del trabajo: más valor en el mismo tiempo, paso a paso
Hay un camino que no es ni alargar la jornada ni abaratar los medios de subsistencia: hacer que se trabaje más intensamente en el mismo tiempo. Marx lo analiza como otro de los casos en que se modifican las magnitudes del plusvalor.
La intensidad creciente del trabajo supone un gasto aumentado de trabajo en el mismo espacio de tiempo. Una jornada más intensa toma cuerpo en más productos que la menos intensa del mismo número de horas. La diferencia con un aumento de productividad está en el valor del producto singular: con más productividad, baja el valor de cada unidad (porque cuesta menos trabajo), y la jornada rinde el mismo valor total en más productos; con más intensidad, el valor del producto de la jornada aumenta, porque se gastó más trabajo.
El ejemplo de Marx, con cifras: una jornada de 12 horas con la intensidad usual crea un producto de valor de 6 chelines. La misma jornada, más intensa, crea 8 chelines.
Jornada normal: 6 = 3 + 3 (producto de valor = precio de la fuerza de trabajo + plusvalor, en chelines) Más intensa, mismo salario: 8 = 3 + 5 (el plusvalor sube de 3 a 5) Más intensa, mayor salario: 8 = 4 + 4 (el salario sube de 3 a 4 y el plusvalor también)
Marx observa que los dos casos son posibles. En el segundo, el aumento del precio de la fuerza de trabajo no implica un aumento de su precio por encima de su valor: puede acompañarlo una disminución de su valor, cuando el aumento de precios no compensa el desgaste acelerado de la fuerza de trabajo. La tasa de plusvalor en el segundo caso, 4 ÷ 4 = 100%, es igual a la de la jornada normal (3 ÷ 3 = 100%), aunque el obrero entrega más trabajo y se desgasta más rápido.
«La intensidad creciente del trabajo supone un gasto aumentado de trabajo en el mismo espacio de tiempo.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 636
Taylorismo: la dirección piensa, el obrero ejecuta
A comienzos del siglo XX, el ingeniero estadounidense Frederick W. Taylor sistematizó una "administración científica" del trabajo (su libro principal es de 1911). Sus rasgos esenciales son fáciles de reconocer con las categorías de Marx:
Descomposición de la tarea en movimientos elementales, para encontrar "el mejor método" de ejecutarla.
Medición del tiempo de cada movimiento con cronómetro y fijación de un tiempo estándar.
Separación entre concepción y ejecución: la planificación pasa a una oficina de dirección; el obrero ejecuta lo que se le prescribe, sin decidir cómo.
Pago por rendimiento (a destajo o con primas), para incentivar el cumplimiento del estándar.
El efecto es doble. Por un lado, el saber del obrero (cómo se hace bien el oficio) deja de ser propiedad suya: se registra, se codifica y pasa a la dirección, que decide el método. Por otro lado, el ritmo se vuelve controlable: ya no hace falta recurrir a adelantos como la *alanoca* de las minas bolivianas para asegurar presencia y esfuerzo; el tiempo mismo es medido. En términos de Marx, es una profundización de la subsunción real: ya no basta mandar sobre el obrero; se pasa a controlar el contenido y el ritmo del proceso de trabajo.
Fordismo: el ritmo lo marca la línea
En 1913, en su fábrica de Highland Park (Michigan), Henry Ford instaló la línea de montaje móvil para fabricar el automóvil Modelo T. En 1914 introdujo el "día de cinco dólares". Con esas dos innovaciones se asocia el fordismo:
La línea de montaje en movimiento. El producto pasa de un puesto a otro; el obrero queda fijo y repite una operación en un tiempo dado. El ritmo de trabajo lo marca la cadena, no el obrero ni el capataz: el medio de trabajo vuelve operativo lo que Marx describía como la subordinación técnica del obrero "a la marcha uniforme del medio de trabajo".
Producción en serie de bienes estandarizados. Se produce a gran escala un producto uniforme, lo que baja el costo unitario y el valor del producto.
Salario alto y consumo masivo. El salario mayor busca reducir la rotación de obreros (que abandonaban esos puestos monótonos) y, más tarde, se relaciona con la idea de que los trabajadores de la industria puedan ser consumidores de esa misma producción.
El fordismo, así entendido, combina el control taylorista del tiempo con la mecanización del ritmo. Del lado del valor, abarata las mercancías producidas en serie, y en la medida en que entren en el consumo obrero, contribuye al plusvalor relativo.
Producción flexible: producir lo que se vende, cuando se vende
Hacia la segunda mitad del siglo XX, en la industria automotriz japonesa, y en particular en Toyota, se desarrolló un sistema distinto al fordista, que se conoce como toyotismo o producción flexible. Sus rasgos son:
Producción "justo a tiempo". Se fabrica solo lo que se vende, en el momento en que se necesita; se evitan los inventarios grandes y los tiempos muertos.
Trabajadores polivalentes y en equipo. Cada trabajador opera más de una máquina o realiza varias tareas, y los equipos participan en el control de calidad.
Variedad en series cortas. En lugar de un único producto estandarizado, se producen variantes según el pedido.
Redes de proveedores y subcontratación. Parte del trabajo se traslada a empresas auxiliares, con distintas condiciones laborales.
Desde las categorías de Marx, la producción flexible elimina los "poros" de la jornada, esos tiempos muertos que el cambio de operación introducía en el trabajo artesanal y que Marx ya señalaba como pérdida de tiempo para el capital. Pide al obrero, a la vez, más intensidad y más participación: se espera su saber práctico, pero el control sobre el proceso sigue en manos de la empresa. Es una forma de intensificación del trabajo (el caso analizado más arriba) y de organización del conjunto de la cadena productiva, no de supresión de la subsunción.
Revolución microelectrónica-informática e inteligencia artificial: preguntas abiertas
Desde la segunda mitad del siglo XX, la microelectrónica y la informática modificaron el medio de trabajo: máquinas herramienta de control numérico, robots industriales, redes de datos, sistemas de gestión informatizados. Lo que Marx llamó el "sistema de máquinas" gana un componente nuevo: la información. La máquina ya no solo ejecuta movimientos fijados mecánicamente; puede reprogramarse, lo que facilita la producción flexible, y registra y envía datos sobre el proceso.
Más recientemente, la inteligencia artificial extiende la mecanización a tareas que antes se consideraban solo intelectuales (clasificar, redactar, predecir, recomendar) y se emplea también para organizar y vigilar el trabajo mediante algoritmos de gestión.
Este es un campo en plena transformación. Por eso, en lugar de afirmaciones cerradas, caben preguntas que el marco de Marx ayuda a ordenar:
¿Qué ocurre con la separación entre concepción y ejecución cuando parte de la concepción (el diseño, el análisis, la redacción) puede también estar incorporada en un sistema?
¿Quién se apropia del saber que los trabajadores vuelcan a un sistema que luego los reemplaza o los evalúa? (La pregunta es la misma que Marx hacía con el saber del artesano en la manufactura.)
¿Qué ocurre con la contradicción inmanente de la maquinaria, que reduce el número de obreros por capital y empuja a intensificar y prolongar el trabajo de los que quedan?
¿Cómo se redefine el tiempo de trabajo necesario si abaratan los medios de subsistencia y el costo de coordinar el trabajo?
Ninguna de estas preguntas tiene aquí una respuesta cerrada.
Preguntas para pensar
- En tu entorno, ¿qué trabajos tienen hoy el tiempo de cada tarea medido y comparado con un estándar? ¿Qué parte de la planificación del trabajo se hace en otro lugar y con otra persona?
- Si una herramienta de inteligencia artificial aprende de lo que producen los trabajadores de una empresa, ¿de quién es ese saber una vez incorporado al sistema? Compara tu respuesta con lo que Marx observaba sobre el saber del artesano en la manufactura.
Ejercicios y simulaciones de este tema
- Más intensidad en la misma jornada
- Hitos de la organización del trabajo industrial
- Formas de organización del trabajo y su rasgo principal
- Del taylorismo a la informática
Los ejercicios, las simulaciones y la autoevaluación funcionan en la plataforma LabEco.