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LabEco › Economía Política I › Maquinaria y gran industria

Módulo 20 · Sección F · Tema 3

F.3 Maquinaria y gran industria

¿Por qué una máquina que ahorra trabajo puede terminar alargando el tiempo de trabajo?

El ingenio minero: un sistema de máquinas en que el obrero acompaña el ritmo

En un ingenio minero, el mineral pasa de una fase a la siguiente por trituradoras, molinos y concentradoras, sin que nadie lo cargue a mano entre una etapa y otra. El obrero ya no maneja la herramienta: vigila una máquina que trabaja por él y cuyo ritmo no controla. En Uncía, en octubre de 1919, los trabajadores atacaron la pulpería de la empresa con dinamita e intentaron tomar el ingenio (Historia Económica de Bolivia, C.1): la planta de procesamiento era uno de los puntos centrales del conflicto.

Hasta aquí se estudió cómo el capital reorganiza a las personas (la cooperación y la manufactura). La gran industria hace otra cosa: transforma el medio de trabajo mismo, la herramienta, en máquina. Este tema estudia qué cambia entonces para el valor, para la jornada y para quien trabaja.

De la herramienta a la máquina: el medio de trabajo revolucionado

Mientras en la manufactura la revolución del modo de producción toma como punto de partida la fuerza de trabajo, en la gran industria el punto de partida es el medio de trabajo. Por eso hay que investigar primero por qué el medio de trabajo se ha transformado de herramienta en máquina.

Al igual que todo otro desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, la maquinaria debe abaratar las mercancías y reducir la parte de la jornada que el obrero necesita para sí, prolongando así la otra parte, la que el obrero cede gratuitamente al capitalista. Es un medio para la producción de plusvalor. Aliviar la fatiga del obrero no es su objetivo.

Toda maquinaria desarrollada se compone de tres partes esencialmente diferentes:

El mecanismo motor: genera su propia fuerza motriz (la máquina de vapor) o recibe el impulso de una fuerza natural (un salto de agua, el viento).

El mecanismo de transmisión: ruedas, ejes, correas, engranajes, que regulan el movimiento y lo distribuyen.

La máquina-herramienta o máquina de trabajo: es la que se apodera del objeto de trabajo y lo modifica con arreglo a un fin.

De esta tercera parte arranca la revolución industrial. Sus herramientas reaparecen, muy modificadas, pero ya no como herramientas del hombre sino de un mecanismo. Y lo decisivo: el número de herramientas con las que opera a la vez una máquina-herramienta se ha liberado de las barreras orgánicas que restringen la herramienta de un obrero (la rueca de pie con dos husos frente a una *jenny* de 12 a 18 husos).

Cita textual
«Al igual que todo otro desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, la maquinaria debe abaratar las mercancías y reducir la parte de la jornada laboral que el obrero necesita para sí, prolongando, de esta suerte, la otra parte de la jornada de trabajo, la que el obrero cede gratuitamente al capitalista. Es un medio para la producción de plusvalor.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 451

Cita textual
«Toda maquinaria desarrollada se compone de tres partes esencialmente diferentes: el mecanismo motor, el mecanismo de trasmisión y, finalmente, la máquina-herramienta o máquina de trabajo.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 453

Cita textual
«El número de herramientas con que opera simultáneamente una máquina-herramienta, se ha liberado desde un principio de las barreras orgánicas que restringen la herramienta de un obrero.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 455

Lo que la máquina transfiere al producto, y el límite de su uso

La maquinaria, al igual que cualquier otra parte del capital constante, no crea ningún valor: transfiere su propio valor al producto cuya fabricación sirve. Si la máquina tiene valor, lo transfiere al producto; y en lugar de abaratarlo, lo encarece en proporción a su propio valor. La maquinaria desarrollada, además, contiene incomparablemente más valor que los medios de trabajo del artesano y de la manufactura.

Se repite aquí lo visto en E.3: la máquina entra totalmente en el proceso de trabajo y solo parcialmente en el proceso de valorización, en proporción a su desgaste. Cuanto mayor sea el período durante el cual la misma maquinaria presta servicios en el mismo proceso, tanto mayor es la diferencia entre el valor de la máquina y la parte de valor que transfiere cada vez. Por eso la máquina es mucho más productiva como creadora de producto que como transferidora de valor.

Hay entonces un límite para el uso de la maquinaria. Considerada como medio de abaratamiento del producto, el límite es que su producción cueste menos trabajo que el trabajo que sustituye. Pero para el capital ese límite es más estrecho: como el capitalista no paga el trabajo empleado, sino el valor de la fuerza de trabajo empleada, para él el uso de la máquina está limitado por la diferencia entre el valor de la máquina y el valor de la fuerza de trabajo que reemplaza. Por eso, en algunos países, la máquina se emplea poco donde el salario es muy bajo.

Cita textual
«La maquinaria, al igual que cualquier otra parte componente del capital constante, no crea ningún valor, sino que transfiere su propio valor al producto para cuya fabricación ella sirve.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 471

Cita textual
«Para el capital, no obstante, ese límite es más estrecho. Como aquél no paga el trabajo empleado, sino el valor de la fuerza de trabajo empleada, para él el uso de la máquina está limitado por la diferencia que existe entre el valor de la misma y el valor de la fuerza de trabajo que reemplaza.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 478

Los efectos sobre quien trabaja: mujeres y niños, intensidad y jornada

La maquinaria, en la medida en que hace prescindible la fuerza muscular, se convierte en medio para emplear a obreros de escasa fuerza física o de desarrollo corporal incompleto, pero de miembros más ágiles. Marx lo resume en una frase: *trabajo femenino e infantil* fue la primera palabra del empleo capitalista de maquinaria.

Esto tiene una consecuencia para el valor de la fuerza de trabajo. Antes, el valor de la fuerza de trabajo se determinaba por el tiempo necesario para mantener al obrero adulto individual; ahora, por el necesario para mantener a toda la familia obrera. Al arrojar a todos los miembros de la familia al mercado de trabajo, la maquinaria distribuye el valor de la fuerza de trabajo del hombre entre su familia entera: lo desvaloriza. Adquirir las cuatro fuerzas de trabajo en que se parcela una familia puede costar más que antes la del jefe de familia, pero cuatro jornadas remplazan a una, y el precio de cada una baja en proporción al excedente de plustrabajo de las cuatro respecto del de una.

La contradicción inmanente. El plusvalor producido depende de dos factores: la tasa y el número de obreros. La maquinaria prolonga el plustrabajo a expensas del trabajo necesario, pero solo lo consigue reduciendo el número de obreros ocupados por un capital dado. Marx lo ilustra: no es posible extraer de dos obreros tanto plusvalor como de 24. Si cada uno de los 24 obreros suministrara una hora de plustrabajo en 12 horas, en conjunto suministrarían 24 horas de plustrabajo, mientras que el trabajo global de los dos obreros asciende solo a 24 horas. Ahí radica la contradicción inmanente: de los dos factores del plusvalor, la tasa solo aumenta en la medida en que el otro factor, el número de obreros, se reduce.

La paradoja. Esa contradicción impele al capital, aun sin que sea consciente de ella, a prolongar la jornada y a intensificar el trabajo, para compensar con plusvalor absoluto y relativo la disminución del número de obreros. Por eso el medio más poderoso para reducir el tiempo de trabajo se trastrueca en el medio más infalible de transformar todo el tiempo vital del obrero y de su familia en tiempo de trabajo disponible para la valorización del capital.

Y la máquina que desplaza trabajadores crea una población obrera superflua, que no puede oponerse a que el capital le dicte su ley: es un tema que se retoma en la Sección H.

Cita textual
«Al arrojar a todos los miembros de la familia obrera al mercado de trabajo, la maquinaria distribuye el valor de la fuerza de trabajo del hombre entre su familia entera. Desvaloriza, por ende, la fuerza de trabajo de aquél.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 481

Cita textual
«El empleo de la maquinaria para la producción de plusvalor implica una contradicción inmanente, puesto que de los dos factores del plusvalor suministrado por un capital de magnitud dada, un factor, la tasa del plusvalor, sólo aumenta en la medida en que el otro factor, el número de obreros, se reduce.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 496

Cita textual
«De ahí la paradoja económica de que el medio más poderoso para reducir el tiempo de trabajo se trastrueque en el medio más infalible de transformar todo el tiempo vital del obrero y de su familia en tiempo de trabajo disponible para la valorización del capital.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 497

La fábrica: el medio de trabajo domina al obrero

En el sistema de máquinas, la gran industria suprime el principio subjetivo de la división del trabajo de la manufactura (que adaptaba el proceso al obrero) y lo sustituye por un principio objetivo: el proceso total se analiza en sus fases constitutivas, y el problema de ejecutar cada proceso parcial y ensamblar los resultados se resuelve con la mecánica, la química, etc. Un sistema de maquinaria, con sus fases ligadas, es tanto más perfecto cuanto más continuo es su proceso: la continuidad reemplaza al aislamiento de los procesos parciales. El carácter cooperativo del proceso de trabajo se convierte ahora en una necesidad técnica dictada por la naturaleza misma del medio de trabajo.

Esto cambia el papel del obrero. Con la maquinaria, el obrero deja de emplear el medio de trabajo: es el medio de trabajo el que emplea al obrero. Marx lo dice con una imagen: por su transformación en autómata, el medio de trabajo se enfrenta al obrero, durante el proceso mismo de trabajo, como capital, como trabajo muerto que domina y succiona la fuerza de trabajo viva.

Se consuma entonces la escisión entre las potencias intelectuales del proceso de producción y el trabajo manual. La habilidad detallista del obrero individual, privado de contenido, desaparece como cosa accesoria e insignificante ante la ciencia, ante las fuerzas naturales y ante el trabajo masivo social, que están corporificados en el sistema de máquinas. Esas potencias se transforman en poderes del capital sobre el trabajo.

Al mismo tiempo, la subordinación técnica del obrero a la marcha uniforme del medio de trabajo crea una disciplina cuartelaria que se desenvuelve hasta constituir un régimen fabril pleno, con su capa de vigilantes y su división entre obreros manuales y capataces. El código fabril con el que el capital regula esa disciplina es, dice Marx, la caricatura capitalista de la regulación social del proceso de trabajo.

Cita textual
«Mediante su transformación en autómata, el medio de trabajo se enfrenta al obrero, durante el proceso mismo de trabajo, como capital, como trabajo muerto que domina y succiona la fuerza de trabajo viva.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 516

Cita textual
«La escisión entre las potencias intelectuales del proceso de producción y el trabajo manual, así como la transformación de las mismas en poderes del capital sobre el trabajo, se consuma, como ya indicáramos, en la gran industria, erigida sobre el fundamento de la maquinaria.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 516

Cita textual
«La subordinación técnica del obrero a la marcha uniforme del medio de trabajo y la composición peculiar del cuerpo de trabajo, integrado por individuos de uno u otro sexo y pertenecientes a diversos niveles de edad, crean una disciplina cuartelaria que se desenvuelve hasta constituir un régimen fabril pleno.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2009), p. 517

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