LabEco › Economía Política I › El carácter fetichista de la mercancía
Módulo 20 · Sección C · Tema 3
C.3 El carácter fetichista de la mercancía
¿Por qué una cosa tan trivial como una mercancía parece tener algo de misterioso?
Un billete que "tiene" poder de compra
Quien lleva un billete de cien bolivianos en el bolsillo siente que lleva consigo un poder: el de conseguir cosas. Ese poder parece una propiedad del billete, como su color o su tamaño. Nadie piensa, al pagar, que está poniendo en contacto el trabajo de miles de personas que nunca se conocerán: el de quien produjo lo que se compra, el de quien produjo lo que se vende para obtener ese dinero, el de quienes imprimieron el billete.
Esa naturalidad es la apariencia más persistente de la vida económica. En los mercados las relaciones entre personas aparecen como relaciones entre cosas: el trigo "vale" tanto, la herramienta "cuesta" tanto, el dinero "compra". La pregunta de este tema es de dónde brota ese carácter enigmático que distingue al producto del trabajo cuando asume la forma de mercancía.
El enigma: la mercancía parece trivial, y no lo es
A primera vista, una mercancía parece una cosa trivial, de comprensión inmediata. Su análisis demuestra que es un objeto lleno de sutilezas. Una mesa, mientras es un objeto para el uso, es madera: una cosa ordinaria y sensible. Pero en cuanto entra en escena como mercancía, se transmuta en una cosa sensorialmente suprasensible.
¿De dónde viene ese carácter misterioso? El análisis descarta tres respuestas posibles:
No viene del valor de uso. Como valor de uso, la mercancía no tiene ningún misterio: satisface necesidades.
No viene de los componentes del valor. Siempre se ha sabido que el trabajo humano es gasto de fuerza humana, y siempre se ha medido su cantidad por el tiempo (el *Morgen* de los antiguos germanos era la extensión de tierra que se calculaba por el trabajo de una jornada).
No viene del trabajo social en sí. Siempre que los seres humanos han trabajado unos para otros, su trabajo ha adquirido una forma social.
Queda una respuesta: el misterio brota de la forma mercancía misma.
«A primera vista, una mercancía parece ser una cosa trivial, de comprensión inmediata. Su análisis demuestra que es un objeto endemoniado, rico en sutilezas metafísicas y reticencias teológicas.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 87
El quid pro quo: las propiedades sociales del trabajo como propiedades de las cosas
Cuando el producto del trabajo toma la forma de mercancía ocurren tres cosas:
La igualdad de los trabajos humanos adopta la forma material de la igual objetividad de valor de los productos del trabajo.
La medida del gasto de fuerza de trabajo por su duración cobra la forma de la magnitud de valor de los productos.
Las relaciones entre los productores, en las que se hacen efectivas las determinaciones sociales de sus trabajos, revisten la forma de una relación social entre los productos del trabajo.
Lo misterioso de la forma mercantil consiste, pues, en que refleja ante las personas el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos de los productos, como propiedades sociales naturales de las cosas. Es un *quid pro quo* —tomar una cosa por otra—: las propiedades sociales del trabajo parecen propiedades de los objetos. Por eso las mercancías son "cosas sensorialmente suprasensibles o sociales", y por eso la propiedad del oro de ser directamente intercambiable por todas las demás mercancías parece un atributo mágico del metal.
Marx lo compara con el mundo religioso: allí los productos de la mente humana parecen figuras autónomas, dotadas de vida propia, en relación unas con otras y con las personas (los dioses del Olimpo, por ejemplo); en el mundo de las mercancías, los productos de la mano humana aparecen igual. A eso lo llama fetichismo, inseparable de la producción de mercancías.
«Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global, como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 88
«A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 89
El origen del fetichismo: trabajos privados que se vuelven sociales solo en el intercambio
El carácter fetichista del mundo de las mercancías se origina en la peculiar índole social del trabajo que produce mercancías: trabajos privados, ejercidos independientemente unos de otros. El conjunto de esos trabajos privados constituye el trabajo social global, pero no directamente: los productores no entran en contacto social hasta que intercambian sus productos. Los atributos específicamente sociales de sus trabajos privados no se manifiestan sino en ese intercambio.
Así, los trabajos privados solo alcanzan realidad como partes del trabajo social por medio de las relaciones que el intercambio establece entre los productos del trabajo y, a través de ellos, entre los productores. Para los productores, las relaciones sociales entre sus trabajos privados se manifiestan tal como son —relaciones mediadas por las cosas—, no como relaciones directamente sociales entre las personas, sino como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales entre las cosas.
Es solo en el intercambio donde los productos del trabajo adquieren una objetividad de valor socialmente uniforme, separada de su objetividad de uso. Por eso las personas no captan que están estableciendo relaciones sociales entre ellas: perciben que son sus productos los que se relacionan (X Ma A = Y Ma B).
«Ese carácter fetichista del mundo de las mercancías se origina, como el análisis precedente lo ha demostrado, en la peculiar índole social del trabajo que produce mercancías.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 89
«La determinación de las magnitudes de valor por el tiempo de trabajo, pues, es un misterio oculto bajo los movimientos manifiestos de los valores relativos de las mercancías.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 92
Tres formas de organizar el trabajo social, y la transparencia que pierde el mercado
Para ver qué tiene de peculiar el trabajo mercantil, Marx lo contrasta con otras tres formas de organizar el trabajo social, en las que la relación entre las personas no se disfraza de relación entre cosas.
Robinson en su isla. Un hombre solo reparte su tiempo entre actividades distintas, según la dificultad de cada una. Todas las relaciones entre Robinson y las cosas que forman su riqueza son tan sencillas y transparentes que hasta se entienden sin esfuerzo. Y, sin embargo, quedan contenidas en ellas todas las determinaciones esenciales del valor.
La Edad Media europea. Todos están ligados por lazos de dependencia personal: siervos y señores, vasallos, clérigos. Como las relaciones personales son la base social, los trabajos y los productos no tienen por qué asumir una forma fantástica: ingresan al mecanismo social como servicios y prestaciones en especie. Lo que el siervo entrega a su señor es un tiempo de trabajo reconocible como tal; el diezmo es más diáfano que la bendición del clérigo.
La familia campesina patriarcal. Produce cereales, ganado, hilo, prendas, para su propia subsistencia. Los diversos trabajos son funciones sociales de la familia, con su propia división natural del trabajo según sexo y edad, y el gasto de fuerzas individuales de trabajo, medido por la duración, se pone de manifiesto desde el comienzo como determinación social de los trabajos mismos.
En los tres casos, el trabajo es directamente social: las relaciones entre las personas se ven como lo que son. Solo el trabajo privado, que se vuelve social por el intercambio, produce la apariencia de relación entre cosas.
«La forma natural del trabajo, su particularidad, y no, como sobre la base de la producción de mercancías, su generalidad, es lo que aquí constituye la forma directamente social de aquél.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 94
«[...] el caso es que las relaciones sociales existentes entre las personas en sus trabajos se ponen de manifiesto como sus propias relaciones personales y no aparecen disfrazadas de relaciones sociales entre las cosas, entre los productos del trabajo.»
Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 95
Preguntas para pensar
- Piensa en una prenda de ropa que hayas comprado: ¿qué trabajos hay detrás y quiénes los realizaron? ¿Qué parte de esas relaciones aparece en la etiqueta de precio y qué parte queda invisible?
- En las comunidades andinas descritas en Historia Económica de América Latina (A.2), el ayni y la minka eran formas directamente sociales de organizar el trabajo. ¿Qué diferencia hay entre esa transparencia y la del mercado?
Ejercicios y simulaciones de este tema
- Apariencia y esencia en el mundo de las mercancías
- Formas de organizar el trabajo social
- El fetichismo de la mercancía
Los ejercicios, las simulaciones y la autoevaluación funcionan en la plataforma LabEco.