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LabEco › Economía Política I › El doble carácter de la mercancía: valor de uso y valor

Módulo 20 · Sección B · Tema 1

B.1 El doble carácter de la mercancía: valor de uso y valor

¿Qué tienen en común una mesa y dos pantalones para que se intercambien en una proporción determinada?

El agua del pozo y el agua con tarifa

Antes de la concesión de 1999, muchas familias y comunidades de Cochabamba obtenían agua de pozos y de sistemas de riego propios (Historia Económica de Bolivia, E.3). Esa agua satisfacía una necesidad, tenía un enorme valor para quien la usaba, y sin embargo nadie la compraba ni la vendía. Cuando el servicio se concesionó a Aguas del Tunari y las tarifas subieron en algunos casos más del 100%, el agua que llegaba por la red pasó a presentarse como algo que se paga según un precio.

Una misma sustancia, el agua, puede ser entonces algo que sirve y nada más, o algo que sirve y además se intercambia por dinero en una cierta proporción. La pregunta que abre este tema es qué se añade a una cosa útil para que se vuelva mercancía, y por qué dos mercancías tan distintas como una mesa y un pantalón pueden compararse.

La mercancía y su valor de uso

La riqueza de la sociedad moderna se presenta como un enorme cúmulo de mercancías, y la unidad de ese cúmulo es la mercancía individual: la célula económica básica.

Una mercancía es, en primer lugar, un objeto externo al ser humano que, por sus propiedades, satisface necesidades humanas de cualquier tipo. No importa la naturaleza de la necesidad (la del estómago o la de la fantasía) ni el modo en que la satisface: de manera directa, como medio de subsistencia (el pan), o dando un rodeo, como medio de producción (la harina).

Toda cosa útil puede considerarse desde dos puntos de vista: su cualidad (tiene muchas propiedades y, por lo tanto, sirve de muchas maneras; descubrir esos usos es un resultado histórico) y su cantidad (se mide con medidas sociales: el peso, el volumen, el metro, que dependen en parte de la naturaleza del objeto y en parte de convenciones).

La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso. Esa utilidad no flota en el aire: está condicionada por las propiedades del cuerpo de la mercancía. El cuerpo mismo de la mercancía —el hierro, el trigo, la madera de una mesa— es el valor de uso. Y el valor de uso se efectiviza únicamente en el uso o en el consumo. Por eso los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, sea cual fuere la forma social de ésta.

Cita textual
«La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 44

Cita textual
«El valor de uso se efectiviza únicamente en el uso o en el consumo.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 44

El valor de cambio: una relación cuantitativa, circunstancial y relativa

En la sociedad capitalista, las mercancías, además de ser valores de uso, son portadoras de valor de cambio. El valor de cambio se presenta, en primer lugar, como una relación cuantitativa: la proporción en la que se intercambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra. Esa proporción cambia con el tiempo y el lugar.

Por eso, el valor de cambio parece algo contingente y puramente relativo. Hablar de un valor de cambio intrínseco, inmanente a la mercancía, parecería un contrasentido. Un ejemplo permite verlo: una mesa puede intercambiarse por muchas cosas distintas.

1 mesa   =   2 pantalones
1 mesa   =   3 ollas
1 mesa   =   6 metros de tela
1 mesa   =   3 camisas
1 mesa   =   3 vestidos

La mesa se intercambia de muchas maneras y sin un orden evidente. Sin embargo, si dos pantalones se intercambian por una mesa y tres ollas se intercambian también por una mesa, entonces dos pantalones son iguales a tres ollas, y así sucesivamente: las mercancías, aunque tan distintas, se vuelven comparables entre sí.

Ese resultado plantea una pregunta que el valor de uso no puede contestar: ¿qué hace posible que cosas cualitativamente distintas entren en una relación de igualdad? ¿Cuál es el tercer elemento?

Cita textual
«El valor de cambio, pues, parece ser algo contingente y puramente relativo, y un valor de cambio inmanente, intrínseco a la mercancía (valeur intrinsèque), sería pues una contradictio in adiecto [contradicción entre un término y su atributo].»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 45

El tercer elemento, paso a paso

Con una ecuación sencilla (1 mesa = 2 pantalones) se puede reconstruir el razonamiento que lleva del valor de cambio al valor.

Paso 1. Si la mesa se iguala a los pantalones, tiene que haber algo común, de la misma magnitud, en ambas.

Paso 2. Ese algo común no puede ser el valor de uso. En cuanto valores de uso, las mercancías son diferentes en la cualidad; y dentro de la relación de intercambio se hace abstracción de su valor de uso: allí, una clase de mercancías es tan buena como otra, si su valor de cambio es igual.

Paso 3. Tampoco puede ser una propiedad natural (geométrica, física, química). Las propiedades corpóreas sólo cuentan en la medida en que hacen útiles a las mercancías, es decir, valores de uso.

Paso 4. Si se deja a un lado el valor de uso, a las mercancías sólo les resta una propiedad: ser productos del trabajo.

Paso 5. Pero no del trabajo del carpintero ni del sastre: al hacer abstracción del valor de uso se hace abstracción de los componentes que lo hacen útil, y con el carácter útil del producto se desvanece el carácter útil de los trabajos y sus formas concretas. Lo que queda es trabajo humano indiferenciado, trabajo abstractamente humano.

Paso 6. Lo que queda de los productos, entonces, es una misma objetividad: gasto de fuerza de trabajo humana, cristalizado. En cuanto cristalizaciones de esa sustancia social común, esas cosas son valores.

La relación de intercambio no crea el valor: lo manifiesta. El valor de cambio es la forma de manifestación necesaria del valor. Marx ilustra el procedimiento con una analogía geométrica: para comparar la superficie de todos los polígonos se los descompone en triángulos, y cada triángulo se reduce a una expresión que no se parece a su figura visible, el semiproducto de la base por la altura. De igual suerte, hay que reducir los valores de cambio a algo común a todos.

Cita textual
«Ambas, por consiguiente, son iguales a una tercera, que en sí y para sí no es ni la una ni la otra.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 46

Cita textual
«Nada ha quedado de ellos salvo una misma objetividad espectral, una mera gelatina de trabajo humano indiferenciado, esto es, de gasto de fuerza de trabajo humana sin consideración a la forma en que se gastó la misma.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 47

Una contradicción que ya está dentro de la mercancía

En cuanto valores de uso, las mercancías son ante todo diferentes en cuanto a la cualidad. En cuanto valores de cambio sólo pueden diferir por su cantidad, y no contienen ni un solo átomo de valor de uso. La mercancía reúne así dos determinaciones opuestas: es distinta (como valor de uso) y es igual (como valor).

Esta es la contradicción interna de la mercancía, la primera de la que parte *El Capital*. La mercancía se muestra primero como una cosa útil que se intercambia en cierta proporción (el fenómeno); detrás de esa proporción hay una misma sustancia, el trabajo humano objetivado (la esencia). Por eso conviene distinguir con cuidado tres términos que se confunden: el valor de uso (utilidad, cuerpo de la mercancía), el valor (trabajo abstracto objetivado, la esencia) y el valor de cambio (forma en que el valor se manifiesta al compararse con otra mercancía).

Cita textual
«En cuanto valores de uso, las mercancías son, ante todo, diferentes en cuanto a la cualidad; como valores de cambio sólo pueden diferir por su cantidad, y no contienen, por consiguiente, ni un solo átomo de valor de uso.»

Marx, K. — El capital: crítica de la economía política (Libro primero: El proceso de producción del capital) (2008), p. 46

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