LabEco

LabEco › Teoría Fiscal › Los costos de la inflación

Módulo 19 · Sección G · Tema 2

G.2 Los costos de la inflación

Si los precios y los salarios suben más o menos al mismo ritmo, ¿por qué la inflación sigue siendo costosa para la economía?

"Total, todo sube igual" — un argumento que no resiste el análisis

Es común escuchar que la inflación "no es tan grave" si los salarios también suben al mismo ritmo que los precios: si todo sube por igual, nadie pierde poder de compra real, argumenta esta intuición. La macroeconomía identifica, sin embargo, varios costos de la inflación que persisten incluso cuando salarios y precios suben de forma perfectamente sincronizada — costos que la hiperinflación boliviana de 1985 (Sección G.3 y módulo13/A.2) ilustra en su forma más extrema.

Costos que existen incluso con inflación perfectamente anticipada

Aun en el caso ideal en que todos los agentes anticipan la inflación con exactitud y ajustan sus contratos en consecuencia, la inflación genera costos reales:

Costos de "suela de zapato" (shoe-leather costs): mantener dinero en efectivo pierde valor con la inflación, así que la gente reduce sus saldos en efectivo y hace más viajes al banco o gestiona su liquidez con más frecuencia y esfuerzo —un costo real de tiempo y recursos que no existiría con precios estables—.

Costos de "menú": cambiar los precios publicados (catálogos, listas de precios, etiquetas, sistemas de cobro) tiene un costo administrativo real; cuanto más alta la inflación, más frecuentemente hay que incurrir en ese costo.

Distorsión de precios relativos: si las empresas no cambian sus precios exactamente al mismo tiempo (algunas lo hacen mensualmente, otras cada semana), la inflación genera una dispersión artificial entre los precios relativos de distintos bienes en cualquier momento dado —una señal distorsionada que dificulta que el mercado asigne los recursos eficientemente, exactamente el tipo de problema de "percepciones erróneas" que Macroeconomía II analiza como uno de los tres microfundamentos de la oferta agregada de corto plazo.

Distorsiones tributarias: muchos sistemas tributarios (incluido el boliviano, con el IVA y el RC-IVA de la Sección D) no ajustan automáticamente sus umbrales y bases imponibles a la inflación en tiempo real, por lo que la inflación puede empujar a los contribuyentes hacia tramos o cargas tributarias más altas sin que su ingreso real haya aumentado.

Costos adicionales cuando la inflación es sorpresiva o extrema

Cuando la inflación no es anticipada con precisión —el caso más realista y, sobre todo, el caso de una hiperinflación como la boliviana de 1984-1985—, se suman costos mucho más severos:

Redistribución arbitraria entre acreedores y deudores: los contratos de deuda fijados en términos nominales (préstamos, salarios, pensiones) transfieren riqueza real de los acreedores hacia los deudores cuando la inflación resulta ser más alta de lo esperado al firmar el contrato —y viceversa cuando resulta más baja—. Esta redistribución no depende del mérito ni del esfuerzo de nadie: depende, simplemente, de qué tan bien cada parte anticipó la inflación futura.

Incertidumbre y desincentivo a contratos de largo plazo: cuando la inflación es alta y volátil, se vuelve extremadamente difícil firmar contratos a varios años de plazo en la moneda nacional (préstamos hipotecarios, arriendos largos, salarios anuales) porque nadie puede predecir con confianza cuánto valdrá esa moneda en el futuro — un problema que la propia historia boliviana posterior a 1985 resolvió, en parte, permitiendo la denominación de contratos en dólares, un fenómeno conocido como "dolarización" que persiste hasta hoy en buena parte del sistema financiero del país.

Colapso del uso del dinero como medio de cambio: en el extremo —una hiperinflación sostenida como la de 1984-1985, cuando la inflación boliviana alcanzó tasas anuales de varios miles por ciento (cifra cuyo orden de magnitud es un hecho ampliamente documentado y no controvertido, aunque la cifra exacta varíe según la fuente y el período de medición)— el dinero deja de cumplir su función básica: la gente se deshace de él apenas lo recibe, prefiriendo bienes físicos o moneda extranjera, y el propio sistema de precios en la moneda nacional deja de ser una guía confiable para la actividad económica.

Preguntas para pensar

Ejercicios y simulaciones de este tema

Abrir con los ejercicios interactivos

Los ejercicios, las simulaciones y la autoevaluación funcionan en la plataforma LabEco.