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LabEco › Macroeconomía II › La oferta agregada de corto y de largo plazo

Módulo 18 · Sección C · Tema 2

C.2 La oferta agregada de corto y de largo plazo

¿Qué tiene que romperse para que imprimir dinero deje de ser inofensivo y empiece a mover la producción real?

Dos curvas de oferta agregada, no una

La Sección A.2 derivó la tasa natural de desempleo asumiendo que los precios esperados coinciden con los efectivos — el mediano/largo plazo. En ese mundo, la oferta agregada es una recta vertical: la economía siempre produce lo mismo (el producto de pleno empleo), sin importar cuánto dinero haya.

Pero la Sección B mostró que en 2024 la inflación boliviana saltó a niveles muy distintos de años previos — y nadie diría que la producción real de Bolivia saltó en la misma proporción. Algo hace que, al menos por un tiempo, más dinero mueva algo más que solo los precios.

Por qué solo un tipo de rigidez rompe la dicotomía clásica

En un mercado de trabajo y de bienes plenamente competitivo y flexible, cualquier alza del nivel de precios se traslada, uno a uno, al salario nominal y a los precios relativos — dejando el salario real, el empleo y la producción exactamente donde estaban. La oferta agregada es vertical, y la política monetaria solo mueve precios, nunca producto: es la dicotomía clásica que ya se presentó en la Sección B.

Llamar "rigidez" a cualquier fricción del mercado de trabajo no alcanza para romper esa dicotomía. Una rigidez real —por ejemplo, un salario mínimo fijado en términos reales— sí genera desempleo involuntario, pero la oferta agregada sigue siendo vertical: un aumento de precios sube el salario nominal en la misma proporción, sin tocar el salario real ni el empleo. Solo una rigidez nominal —el salario nominal (no el real) fijo por un tiempo— hace que un alza de precios reduzca el salario real, suba el empleo, y con eso mueva la producción. Esa distinción —rigidez real versus rigidez nominal— es la que separa una economía donde el dinero es neutral de una donde no lo es.

Cita textual
«Una lección importante de esta discusión es que para que la demanda agregada, o más precisamente el dinero, tenga efectos reales, rompiendo la dicotomía clásica, es que existan rigideces nominales. Las rigideces reales explican comportamientos subóptimos y distorsiones en la economía, pero no permiten explicar por qué la demanda agregada afecta al producto.»

De Gregorio, J. — Macroeconomía: Teoría y Políticas (2007), p. 408

El caso sin rigideces, formalmente: por qué la oferta es vertical

Vale la pena derivar el caso de referencia (sin ninguna rigidez) con las tres ecuaciones que lo describen — así queda claro, por contraste, qué es exactamente lo que una rigidez rompe. En un mercado de trabajo competitivo:

Demanda de trabajo: W/P = PMgL          (condición de contratación óptima de A.2)
Oferta de trabajo: Ls = f(W/P)          (los trabajadores ofrecen más horas cuanto mayor el salario real)
Función de producción: Y = A·F(K̄, L)          (donde K̄ está fijo en el corto plazo; A es la productividad)

Si P sube, y tanto el salario nominal como los precios son plenamente flexibles, el ajuste es instantáneo: el salario nominal W sube en la misma proporción que P, dejando W/P exactamente donde estaba. Como ni la demanda de trabajo (que depende de W/P) ni la oferta de trabajo (que también depende de W/P) cambiaron, el empleo de equilibrio L̄ tampoco cambia — y con L̄ fijo, la función de producción entrega el mismo Y de siempre, sin importar cuál haya sido el nivel de precios. Ese es, ecuación por ecuación, el mecanismo detrás de la oferta agregada vertical: no es una curva rara, es el resultado directo de que las tres ecuaciones de arriba dependen todas del salario REAL, nunca del nominal.

Cita textual
«cualquier cambio en el nivel de precios, producirá un cambio similar del salario nominal, de manera que el salario real no varía, ni tampoco el empleo ni el producto. En otras palabras, en una economía competitiva en los mercados de bienes y del trabajo, y en que no existen rigideces, la oferta agregada es vertical.»

De Gregorio, J. — Macroeconomía: Teoría y Políticas (2007), p. 404

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