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LabEco › Estadística I › La observación y la entrevista

Módulo 15 · Sección B · Tema 1

B.1 La observación y la entrevista

Para saber cuántos minutos, en promedio, espera un pasajero en una parada de transporte público, ¿conviene pararse a cronometrar directamente, o conviene preguntarle a los propios pasajeros cuánto esperaron?

El dato no aparece solo: alguien lo tiene que levantar

La Encuesta de Hogares del INE no se genera sola: cada año, encuestadores tocan la puerta de miles de hogares bolivianos, hacen las mismas preguntas en el mismo orden, y registran las respuestas de una forma que después pueda tabularse y compararse año con año. Si dos encuestadores hicieran las preguntas de forma distinta, comparar los resultados dejaría de tener sentido. Todo el aparato estadístico que esta materia construye a partir de la Sección C (tablas, promedios, índices) depende de que este primer paso, la recolección de datos, se haya hecho con un método reproducible. Y antes de diseñar cualquier pregunta (B.2), hay que decidir algo más básico: ¿el dato se puede observar directamente, o hace falta preguntarle a alguien?

La observación: registrar sin preguntar

La observación es la técnica en la que el investigador registra directamente lo que ocurre, sin interactuar con las personas involucradas: contar cuántos vehículos pasan por un punto en una hora, cronometrar el tiempo real de espera en una fila, o registrar los precios exhibidos en los puestos de un mercado. Sus ventajas: no depende de que alguien recuerde bien o quiera responder con sinceridad (nadie puede "mentir" sobre cuántos autos pasaron, porque el investigador los cuenta él mismo), y suele ser más barata por dato cuando el fenómeno es fácil de observar en un solo lugar. Su límite es igual de claro: solo sirve para lo que puede verse u observarse externamente. No hay forma de observar directamente cuánto ingreso gana un hogar, o qué piensa alguien sobre una política pública: para eso hace falta la otra técnica.

La entrevista: preguntar directamente, con margen para profundizar

La entrevista consiste en que el investigador interactúa directamente, en persona o por teléfono, con la persona de la que quiere obtener información, haciendo preguntas y registrando las respuestas en el momento. Puede ser estructurada (con un guion fijo de preguntas, en el mismo orden para todos los entrevistados, necesario si después se quieren comparar o tabular las respuestas) o no estructurada (una conversación más libre, útil para explorar un tema del que todavía no se sabe bien qué preguntar). Su ventaja central sobre el cuestionario autoaplicado (B.2) es que permite aclarar en el momento una pregunta mal entendida, o repreguntar cuando una respuesta queda incompleta: algo que ningún formulario que la persona llena por su cuenta puede ofrecer. El costo de esa ventaja es el tiempo: cada entrevista exige la presencia activa de un encuestador capacitado durante toda la interacción, lo que la vuelve más cara por dato obtenido que un cuestionario aplicado a gran escala.

Elegir entre observación y entrevista, según qué se necesita saber

La elección entre observación y entrevista no depende de cuál técnica es "mejor" en abstracto, sino de qué tipo de información se necesita: si el dato es un hecho externo y verificable directamente (cuántas personas entran a un local, qué precio tiene un producto en el estante), la observación suele ser más rápida, más barata y más precisa. Si el dato depende de algo que solo la propia persona sabe (su ingreso, su opinión, su intención de compra futura), no hay forma de observarlo desde afuera: hace falta preguntar, y la entrevista permite hacerlo con la posibilidad de aclarar y profundizar que un formulario impersonal (B.2) no ofrece.

Preguntas para pensar

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