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Módulo 10 · Sección D · Tema 3

Las dictaduras militares y la renovación oligárquica

En diciembre de 1963, mineros de Siglo XX tomaron como rehenes a cuatro funcionarios estadounidenses y bautizaron su campamento sitiado 'Territorio Libre de Siglo XX'. El gobierno que ordenó su represión no era una dictadura militar — era el mismo MNR que había nacionalizado las minas once años antes. ¿Cómo terminó la 'revolución' boliviana militarizándose a sí misma, y abriendo la puerta a las dictaduras que la sucedieron?

El 'Territorio Libre de Siglo XX'

En diciembre de 1963, la policía secreta del gobierno de Víctor Paz Estenssoro, el mismo líder que había encabezado la Revolución de 1952, arrestó a los dirigentes sindicales de Siglo XX, Federico Escobar e Irineo Pimentel. La respuesta de los mineros de base fue tomar como rehenes a docenas de personas, incluidos cuatro funcionarios estadounidenses vinculados a los programas de cooperación de Washington. Durante varios días, Bolivia estuvo al borde de una guerra civil: el gobierno de Paz Estenssoro quería usar a las Fuerzas Armadas para retomar las minas por la fuerza, pero la recién posesionada administración de Lyndon B. Johnson vetó un ataque mientras hubiera funcionarios estadounidenses en la línea de fuego. Los mineros, finalmente, capitularon ante amenazas de una movilización militar masiva y rumores de miles de campesinos armados marchando hacia el centro minero, pero antes de ceder, bautizaron a su campamento sitiado 'Territorio Libre de Siglo XX'.

¿Cómo llegó el gobierno que había nacionalizado las minas en 1952 a enfrentar armado a su propia base minera, apenas once años después? La respuesta está en la Alianza para el Progreso del presidente John F. Kennedy, y en cómo la ideología del desarrollo terminó militarizando, desde dentro, a la propia revolución boliviana.

El desarrollo como estrategia: la Alianza para el Progreso llega a Bolivia

En enero de 1961, apenas semanas después de asumir, el presidente John F. Kennedy anunció que la Alianza para el Progreso sería un 'vasto esfuerzo de cooperación' que transformaría a América Latina. Bolivia, gobernada entonces por Víctor Paz Estenssoro, fue uno de sus primeros y más ambiciosos laboratorios: una 'Misión Presidencial económica especial' viajó a La Paz para determinar exactamente qué necesitaba el país. Los expertos en desarrollo de Kennedy fueron categóricos: abandonar a Bolivia sería 'un trágico error', y la mejor forma de evitar 'el caos' era profundizar la cooperación, no reducirla.

Pero la ayuda al desarrollo boliviano no llegó separada de una agenda anticomunista explícita. Las principales zonas de entrada de la Alianza para el Progreso eran las áreas rurales con presencia indígena y campesina, así como los campos mineros de tierras altas, en particular Siglo XX, la mina de estaño más grande del país, donde mineros armados y con dirigencia comunista se oponían firmemente a los intentos del MNR de consolidar su hegemonía política. Los programas de la Alianza calificaron a estos sindicatos combativos como 'obstáculos para el desarrollo', revelando con claridad los fundamentos estratégicos, no solo técnicos, del programa entero.

Cita textual
«Al conectar la política de alto nivel de las teorías de la modernización con los efectos ascendentes de los programas de desarrollo en el terreno, el presente libro sostiene que la ideología del desarrollo tiende a justificar el autoritarismo y a alentar la subida al poder de las Fuerzas Armadas del Tercer Mundo.»

Thomas C. Field Jr. — Minas, balas y gringos: Bolivia y la Alianza para el Progreso en la era de Kennedy (La Paz: Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social, 2016; original: Cornell University Press, 2014) (2014), p. 38. Field es historiador estadounidense (London School of Economics); su investigación se basa en 16 archivos distintos, incluidos documentos desclasificados de la CIA y el Departamento de Estado (CREST, NARA), y cerca de 50 entrevistas. Traducción oficial publicada gratuitamente por el Ministerio de Trabajo de Bolivia en 2016.

Irupata, 1962: campesinos armados por Washington contra mineros

El resultado más sangriento de esta lógica llegó en 1962. El Grupo Especial de Contrainsurgencia de Kennedy, a través de la agencia estadounidense USAID, asignó cien mil dólares para equipar a una milicia campesina indígena favorable a Paz Estenssoro. El presidente, que planeaba atacar a los mineros izquierdistas de Siglo XX para imponer los despidos masivos y las reformas laborales que exigían los programas de la Alianza para el Progreso, encontró en esa milicia el instrumento que necesitaba.

El resultado fue un baño de sangre en el pueblo de Irupata, donde mineros armados se enfrentaron a campesinos indígenas y a soldados encubiertos de la guardia presidencial de Paz Estenssoro. Lejos de generar rechazo en Washington, el episodio llevó a los funcionarios estadounidenses a concluir que el presidente boliviano estaba, por fin, 'adoptando medidas decisivas para acabar con la indisciplina laboral en las minas y así sentar las bases para un desarrollo económico ordenado', una lectura que muestra, con crudeza, cómo la violencia contra los propios mineros bolivianos era leída en Washington como una señal de progreso, no de fracaso.

La caída del MNR: de la ayuda militar al golpe de 1964

Las violentas batallas entre los mineros y el régimen modernizador de Paz Estenssoro no terminaron en Irupata: culminaron en la crisis de rehenes de diciembre de 1963 que abre este tema. La liberación de los rehenes estadounidenses, apenas días antes de Navidad, no resolvió la 'guerra de desgaste' que se había desatado entre el gobierno y los mineros rebeldes.

En ese contexto de agotamiento mutuo ascendió el general René Barrientos, comandante de la Fuerza Aérea, elegido, a regañadientes de Paz Estenssoro, que lo consideraba 'inculto' y 'deportista', como su compañero de fórmula para las elecciones de mayo de 1964, marcadas por una masiva abstención. Tras la aparición de una serie de 'mártires' mineros y estudiantiles en manifestaciones de finales de octubre, dos regimientos de La Paz se sublevaron la mañana del 3 de noviembre de 1964. Barrientos dirigió las unidades militares hacia una revuelta total; Paz Estenssoro escapó a Lima al día siguiente en un avión de la Fuerza Aérea Boliviana. El general Alfredo Ovando negoció la transmisión pacífica del poder, fingiendo lealtad hasta que el presidente derrocado estuviera a salvo fuera del país. Doce años de gobierno del MNR, el mismo partido que había nacionalizado las minas, decretado el voto universal y promulgado la reforma agraria en 1952-53, llegaban a su fin, forzados por unas Fuerzas Armadas que el propio MNR, con ayuda y financiamiento estadounidense, había reconstruido y modernizado desde 1953.

Lo que siguió fue una restauración parcial del viejo orden bajo nuevas formas. Barrientos gobernó hasta su muerte en 1969; tras un breve interregno, el general Hugo Banzer tomó el poder en 1971 con el respaldo de sectores empresariales y terratenientes del oriente boliviano, iniciando siete años de un autoritarismo modernizador que combinó represión sindical con apertura a la inversión extranjera, el mismo patrón, en nuevas formas, del desarrollismo militarizado que ya viste en este tema. Bolivia no recuperaría un gobierno civil estable hasta 1982, después de una última y particularmente violenta dictadura, la del general Luis García Meza (1980-1981).

Cita textual
«A. Prepararse para enfrentarse a una organización cuya misión esencial es imponer su voluntad a la población para instaurar un régimen Castrocomunista...»

Martín Sivak — El dictador elegido: Biografía no autorizada de Hugo Banzer Suárez (2001), pp. 118-119. Fragmento de un documento "SECRETO" sobre seguridad nacional firmado por el propio Hugo Banzer, reproducido en el libro. Cubre el aparato represivo de la dictadura de Banzer; el libro de Sivak no documenta específicamente la apertura a la inversión extranjera que también menciona el párrafo anterior — ese ángulo económico sigue sin una cita textual dedicada.

Una tesis y un documento: la ideología del desarrollo y el enemigo interno

Dos fuentes de naturaleza distinta permiten ver cómo se articulaban el desarrollo y la represión.

La tesis. Field, con base en archivos de la CIA y del Departamento de Estado y en cerca de cincuenta entrevistas, sostiene que «la ideología del desarrollo tiende a justificar el autoritarismo y a alentar la subida al poder de las Fuerzas Armadas del Tercer Mundo». No es un efecto accidental de los programas de desarrollo, sino una consecuencia de la lógica con que fueron pensados.

El documento. Un texto reservado, firmado por el propio Banzer y reproducido por Sivak, manda «prepararse para enfrentarse a una organización cuya misión esencial es imponer su voluntad a la población para instaurar un régimen castrocomunista». Muestra cómo un régimen autoritario nombraba a su adversario: una amenaza interna que justificaba el aparato represivo.

La tesis explica por qué el desarrollo y el autoritarismo podían ir juntos; el documento muestra el lenguaje con que esa unión se justificaba en la práctica.

Preguntas para pensar

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