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Módulo 10 · Sección D · Tema 2

La Revolución Nacional de abril de 1952

El 11 de abril de 1952, en las gélidas pampas altiplánicas de Laja, el Ejército boliviano capitulaba frente al movimiento popular por primera vez en su historia. Los mineros de Milluni y San José habían sido decisivos para dirimir el conflicto. ¿Cómo se llegó, en apenas tres días de combate, a una victoria que la Tesis de Pulacayo no había logrado ni siquiera plantear en 1946-47?

Un ensayo general armado: los rehenes de Siglo XX (mayo de 1949)

Tres años antes de 1952, ya hubo un ensayo general de lo que se venía. En mayo de 1949, tras negarse la PMECI a reconocer al sindicato respaldado por la FSTMB, el Gobierno confinó a los principales dirigentes sindicales mineros, entre ellos Juan Lechín, Mario Torres y Guillermo Lora. La respuesta de los trabajadores de Llallagua y Siglo XX fue inédita: tomaron como rehenes a diecisiete empleados de la empresa, bolivianos y extranjeros, con el propósito de canjearlos por los dirigentes presos.

El Gobierno respondió con una movilización militar sin precedentes (varios regimientos, apoyo aéreo) y se produjeron los primeros combates reales entre mineros armados con fusiles viejos y granadas caseras contra las tropas del Regimiento Colorado. El saldo oficial fue de 144 muertos y 23 heridos; la empresa quedó paralizada 25 días. 'Cuando fuimos a la huelga el ejército empezó a masacrarnos, relató después un trabajador de la PMECI, preso hasta 1952 por su participación en estos hechos; eran unos seis regimientos y la policía boliviana (...) la clase trabajadora murió como si fueran moscas'. Fue, en palabras del propio análisis histórico, una 'guerra civil' en miniatura: la prueba de que ciertos sectores populares ya estaban dispuestos a empuñar las armas tres años antes de que esa disposición decidiera, esta vez sí, el destino del país.

Tres días de abril: de La Paz a Laja

El detonante inmediato de abril de 1952 fue político, no minero: unas elecciones presidenciales de 1951 anuladas por un golpe militar que impidió asumir al candidato ganador del MNR, Víctor Paz Estenssoro, exiliado en Argentina. El 9 de abril de 1952, un levantamiento cívico-militar en La Paz, liderado por Hernán Siles Zuazo, con apoyo de la policía (los 'carabineros'), enfrentó a unidades selectas del Ejército en violentos combates urbanos. Fabriles, clases medias y mineros se sumaron a la insurrección.

El desenlace se definió, sin embargo, fuera de la ciudad. Descolgándose por la 'Ceja' de El Alto hacia La Paz, los trabajadores de la mina de Milluni jugaron un papel decisivo para dirimir el conflicto en la capital. Doscientos kilómetros más allá, en Oruro, corazón de la minería boliviana, sus homólogos de la mina San José contribuyeron a bloquear exitosamente los refuerzos castrenses que pretendían marchar desde allí hacia la sede asediada del poder oligárquico. El 11 de abril, en las gélidas pampas altiplánicas de Laja, el Ejército boliviano capitulaba frente al movimiento popular, por primera vez en su historia. El resultado fue una auténtica revancha histórica: 'el 9 y el 10, fabriles, clases medias y mineros habían derrotado en violentos combates a selectas unidades militares', tal como lo resume la propia historiografía sobre estos hechos.

Cita textual
«El 11 de abril de 1952 en las gélidas pampas altiplánicas de Laja el Ejército boliviano capitulaba frente al movimiento popular, por primera vez en su agitada vida. En una revancha histórica, el 9 y el 10, fabriles, clases medias y mineros habían derrotado en violentos combates a selectas unidades militares. Descolgándose por la 'Ceja' de El Alto hacia la ciudad de La Paz —sede principal de la contienda bélica— los trabajadores de la mina Milluni jugaron un rol de importancia para dirimir el conflicto. Doscientos kilómetros más allá, en Oruro —corazón de la Bolivia minera— sus homólogos de San José contribuyeron a bloquear exitosamente los refuerzos castrenses que pretendían marchar desde allí hacia la asediada sede del poder oligárquico.»

Gustavo Rodríguez Ostria — El socavón y el sindicato: Ensayos históricos sobre los trabajadores mineros, siglos XIX-XX (La Paz: ILDIS, 1991) (1991), p. 91. Rodríguez Ostria dedica el resto del capítulo a explicar cómo se formó, en la década previa (1942-1949, vista en D.1), la disposición minera al uso de las armas que resultó decisiva en estos hechos.

Lo que cambió: de la protesta a la milicia armada

La derrota militar del Ejército tuvo una consecuencia inmediata y duradera: la democratización de la estructura de violencia que hasta entonces había sostenido al Estado boliviano. El aparato de coerción estatal se trasladó, en buena parte, hacia las masas organizadas en 'milicias sindicales armadas', y los mineros se adaptaron rápidamente al nuevo escenario político y se constituyeron en su columna vertebral. El uso de la coerción y la violencia no les significó mayor novedad: llevaban décadas, como viste en C.1, C.2, B.3 y en este mismo tema, habituados a las tensiones y apremios estatales en su contra. Lo inédito, esta vez, fue la disponibilidad que ahora tenían para usar la fuerza con relativa impunidad, en vez de sufrirla en carne propia como en Uncía (1919, 1923), Colquechaca (1899-1900) o Catavi (1942).

El nuevo gobierno del MNR, presidido por Víctor Paz Estenssoro, tomó rápidamente tres decisiones que transformaron la estructura económica boliviana: el voto universal (julio de 1952, eliminando las restricciones de alfabetización y propiedad que excluían a la mayoría indígena y campesina del padrón electoral), la nacionalización de las minas de las tres grandes empresas estañíferas —Patiño, Hochschild y Aramayo— bajo una nueva empresa estatal, la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL, octubre de 1952), y la Reforma Agraria (agosto de 1953), que formalizó legalmente la abolición del pongueaje que ya venías rastreando desde A.1. Ninguna de estas tres medidas hubiera sido políticamente posible sin la fuerza armada minera que decidió la batalla de Laja.

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