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Módulo 10 · Sección B · Tema 1
Kajchas y los problemas de formar una fuerza de trabajo minera estable
En 1827, apenas dos años después de la independencia, el Cerro Rico de Potosí le debía a los kajchas, mineros informales que trabajaban por su cuenta, el 50% de toda su producción de plata. ¿Por qué el nuevo Estado republicano no pudo simplemente reemplazarlos por trabajadores asalariados?
La mitad de la plata de Potosí, fuera del control de nadie
Los kajchas eran mineros que entraban a las minas de Potosí por su cuenta, muchas veces de noche, por galerías abandonadas y peligrosas, a extraer mineral que después procesaban ellos mismos en pequeños molinos ('trapiches') y vendían de forma prácticamente independiente. No eran empleados de ninguna empresa minera: trabajaban para sí mismos, en los márgenes, literales y legales, de la gran minería.
La práctica venía de la colonia, pero lejos de desaparecer con la independencia, hacia 1827 los kajchas producían la mitad de todo el mineral que salía del Cerro Rico. El nuevo Estado republicano, que necesitaba desesperadamente reactivar una minería en crisis (como viste en A.2), se encontró con un problema de fondo: no lograba convertir a estos mineros informales en una fuerza de trabajo asalariada estable, por más que lo intentara.
Por qué el kajcheo no desapareció con la República
Para la nueva república, el kajcheo era, en palabras de la época, una práctica 'anticuada e irracional' que había que superar para modernizar la minería. Y sin embargo, ni durante las primeras décadas de crisis ni durante el boom posterior de la producción de plata (1870-1899) el kajcheo desapareció: al contrario, los propios kajchas presionaron en 1837 para que se legalizara formalmente su forma de trabajo, sin conseguirlo.
La razón de fondo no era terquedad ni atraso: era una elección racional frente a la alternativa. El trabajo asalariado en la mina formal significaba un patrón, un salario fijo y ninguna parte de la ganancia si el mineral extraído resultaba especialmente rico. El kajcheo, aunque más peligroso e inestable, le dejaba al minero el control directo sobre lo que encontraba.
«Los Kajchas continuaron con su práctica tanto así que en 1827 el Cerro Rico les debía el 50% de su producción.»
Franz Flores Castro — Estado, capitalismo e indios: los kajchas (cooperativistas) mineros en Potosí, Revista Investigación y Negocios, vol. 12, n.º 19 (citando a P. Absi, 2014) (2019). Flores Castro cita a su vez a P. Absi (2014: 223); no se accedió directamente al texto de Absi, solo a como lo cita Flores Castro en su artículo, publicado en acceso abierto por SciELO Bolivia.
«Los Kajchas siempre se negaron a trabajar como asalariados.»
Franz Flores Castro — Estado, capitalismo e indios: los kajchas (cooperativistas) mineros en Potosí, Revista Investigación y Negocios, vol. 12, n.º 19 (2019)
«Por ellas conocemos que los kajchas internaron en el distrito de Potosí (Cerro Rico y minas adyacentes) el 34,4% de los marcos de plata correspondientes a ese lapso, entre 1830 y 1850.»
Gustavo Rodríguez Ostria — El socavón y el sindicato: Ensayos históricos sobre los trabajadores mineros, siglos XIX-XX (La Paz: ILDIS, 1991) (1991), p. 33. Cifra basada en el Cuadro de los marcos de plata comprados en el Banco Nacional de Rescates (1830-1850), Colección Ruck, Archivo Nacional de Bolivia — citada por Rodríguez Ostria. Complementa (no contradice) la cifra puntual de 1827 (50%) de Flores Castro: son mediciones distintas (un año específico vs. un promedio de dos décadas).
Una red que hasta los propios empresarios toleraban
El kajcheo no era una actividad aislada de un puñado de mineros nocturnos: era el centro visible de una red informal mucho más amplia, que incluía a los *trapicheros* (dueños de pequeños molinos donde se procesaba el mineral robado o recolectado) y a los *rescatistas* (intermediarios que adelantaban dinero, pólvora, velas y herramientas a los kajchas a cambio de comprarles el mineral a un precio muy por debajo del mercado). Esta red giraba en torno a los llamados *taqueris* de Corocoro o a rústicos establecimientos de Potosí, y funcionaba como una auténtica 'zona de seguridad' para trabajadores migrantes, despedidos o simplemente reacios a atarse a un patrón único.
Lo más revelador es que los propios empresarios mineros, pese a condenar el robo de mineral en público, lo toleraban en privado como estrategia para retener trabajadores. En 1882, en la provincia de Chayanta, el gerente de la Compañía Consuelo respondió a un pedido del subprefecto de poner fin al robo sistemático de mineral, que, según el propio funcionario, ya se había normalizado 'como medio de congratulación para asegurarse el servicio de los trabajadores', alegando que aplicar todo el rigor de la ley 'ocasionaría la paralización del trabajo... atendidas las circunstancias de suma escasez de obreros'. Es decir: ante la elección entre perder mineral o perder trabajadores, la empresa prefería, a regañadientes, perder mineral.
El gerente de la Compañía Consuelo, ante el pedido del subprefecto de poner fin al robo de mineral (que se había sistematizado como medio para asegurarse el servicio de los trabajadores), respondió que aplicar la ley en todo su rigor ocasionaría la paralización del trabajo, dada la escasez de obreros.
Narciso de la Riva, Informe del Subprefecto de Chayanta (Sucre, 1882), citado en Gustavo Rodríguez Ostria — El socavón y el sindicato: Ensayos históricos sobre los trabajadores mineros, siglos XIX-XX (La Paz: ILDIS, 1991) (1882), p. 34. Síntesis de un intercambio documentado por Rodríguez Ostria entre el subprefecto de Chayanta y el gerente de la Compañía Consuelo, con cita textual parcial del gerente ('ocasionaría la paralización del trabajo... atendidas las circunstancias de suma escasez de obreros').
San Lunes, la alanoca y una canción de carnaval
La inestabilidad de la fuerza de trabajo minera no se explicaba solo por el kajcheo: era también, en buena parte, una forma de cultura obrera que valoraba la autonomía por encima del salario fijo. Los empresarios se quejaban constantemente de la veneración al 'San Lunes', la costumbre extendida de no presentarse al trabajo los lunes, tras el descanso y las 'algazaras' del fin de semana, y del alto número de días de fiesta que vaciaban las minas: hacia 1860, un ingeniero alemán estimó que en las minas de Chacarilla (La Paz) solo se trabajaban unas 34 semanas de seis días al año, es decir, menos de 200 días.
Los empresarios respondían a la escasez de mano de obra con la *alanoca*: un adelanto de dinero o mercadería que buscaba asegurar por anticipado la presencia de un trabajador. El mecanismo era, sin embargo, fácil de burlar: una visita realizada en las minas del Cerro Rico de Potosí en septiembre de 1832 encontró 861 personas trabajando, pero detectó que faltaban otras 227 que ya habían recibido un adelanto: habían simplemente ido a trabajar para otro patrón, cobrando el anticipo dos veces. Desde la perspectiva empresarial esto era un robo; desde la perspectiva del trabajador, era ejercer la única forma de libertad disponible frente a un sistema que, por lo demás, lo empujaba a la dependencia.
Esta cultura de resistencia cotidiana también se expresaba simbólicamente. El viajero francés André Bellesort, de visita en Pulacayo, entonces la principal mina argentífera de Bolivia, hacia fines del siglo XIX, documentó cómo los mineros usaban el carnaval para protestar alegóricamente contra su propia explotación, cantando coplas como esta.
«Soy el minerito, señor —decían esas voces— y gano mi pan con mi trabajo. Tengo ampollas en las manos y en el pecho. El patrón es severo y la plata que sacamos de la mina nunca es para nosotros.»
Trabajadores mineros de Pulacayo, documentados por André Bellesort, La Jeune Amérique (París, 1897), citado en Gustavo Rodríguez Ostria — El socavón y el sindicato: Ensayos históricos sobre los trabajadores mineros, siglos XIX-XX (La Paz: ILDIS, 1991) (1897), p. 29. Copla de carnaval documentada por el viajero francés André Bellesort en Pulacayo, transcrita por Rodríguez Ostria (1991) a partir de La Jeune Amérique (París, 1897). Es la voz de los propios trabajadores, aunque mediada por la transcripción de un observador externo.
Tres voces sobre una fuerza de trabajo que se resistía
El kajcheo se entiende mejor combinando tres tipos de fuente.
La magnitud. Flores Castro registra que en 1827 el Cerro Rico debía a los kajchas el 50% de su producción, y Rodríguez Ostria precisa que, entre 1830 y 1850, internaron el 34,4% de los marcos de plata del distrito de Potosí: no era un fenómeno marginal, sino una parte central de la producción.
La resistencia. Flores Castro sostiene que los kajchas «siempre se negaron a trabajar como asalariados», y los propios empresarios lo toleraban: el gerente de la Compañía Consuelo respondió que aplicar la ley contra el robo de mineral paralizaría el trabajo, dada la escasez de obreros.
La experiencia de quien sí era asalariado. Los mineros de Pulacayo que recoge Bellesort en 1897 describen el otro lado: el patrón severo, las ampollas en manos y pecho, y una plata que «nunca es para nosotros».
Juntas, las tres fuentes explican por qué el salario no era una opción atractiva: quien trabajaba por cuenta propia conservaba el valor de lo extraído, y quien lo hacía bajo salario no.
Preguntas para pensar
- Flores Castro documenta que los kajchas se negaban sistemáticamente a convertirse en trabajadores asalariados, tanto que en 1827 el Cerro Rico les debía la mitad de su producción; Rodríguez Ostria calcula que, décadas después, seguían aportando más de un tercio de los marcos de plata del distrito; y el propio informe del subprefecto de Chayanta describe el robo de mineral como un medio ya sistematizado, no un delito ocasional, para asegurar su pago. Usando estas tres fuentes, construye una explicación de por qué la minería boliviana del siglo XIX no logró estabilizar una fuerza de trabajo asalariada convencional — ¿a quién le convenía, y por qué, mantener esta relación laboral informal en vez de un salario fijo?
- ¿Qué paralelismos ves entre el kajcheo del siglo XIX y formas actuales de minería informal o cooperativizada en Bolivia (por ejemplo, en la minería del oro o del estaño)?
- Hacia fines del siglo XIX, el kajcheo se regularizó bajo la forma de trabajo 'a partición', donde el dueño de la mina y los trabajadores compartían la producción. ¿Por qué crees que este arreglo intermedio pudo funcionar donde el salario fijo no lograba atraer a los kajchas?
- ¿Cómo se conecta este problema —la dificultad de formar una fuerza de trabajo minera estable— con lo que vas a ver en C.1 sobre la formación del proletariado minero del estaño?
- La copla de carnaval registrada por Bellesort en Pulacayo dice 'la plata que sacamos de la mina nunca es para nosotros'. ¿Por qué crees que esta protesta se expresaba en una canción de carnaval, y no en una huelga o una petición formal como las que vas a ver en C.1? ¿Qué tan distintas son, en el fondo, estas dos formas de protesta?
Ejercicios y simulaciones de este tema
- Qué muestra cada fuente sobre el trabajo minero
- Kajcheo vs. trabajo asalariado en la mina formal
- Comprueba lo aprendido
Los ejercicios, las simulaciones y la autoevaluación funcionan en la plataforma LabEco.