LabEco › Historia Económica de Bolivia › El régimen colonial de la plata y el gobierno proteccionista de Belzu
Módulo 10 · Sección A · Tema 2
El régimen colonial de la plata y el gobierno proteccionista de Belzu
Manuel Isidoro Belzu expulsó al representante británico, protegió a los artesanos bolivianos de las manufacturas inglesas, y fue idolatrado por la plebe urbana. El mismo gobierno, a la vez, le quitaba a los mineros bolivianos cerca de 28% del valor de su propia plata. ¿Cómo conviven las dos cosas?
El presidente que expulsó al embajador y exprimió a los mineros
Manuel Isidoro Belzu gobernó Bolivia entre 1848 y 1855 con un programa que hoy llamaríamos populista: protección arancelaria a los artesanos bolivianos frente a las manufacturas inglesas, un Código minero que afirmaba el dominio del Estado sobre la riqueza mineral, y hasta la expulsión del representante diplomático británico del país. La 'plebe' de artesanos y pequeños comerciantes lo adoraba; la élite de mineros y grandes comerciantes lo odiaba con la misma intensidad.
Pero ese mismo Estado "protector" obligaba a todos los mineros bolivianos a entregar su plata a bancos estatales de rescate, a un precio por debajo del mercado y pagado en una moneda de plata rebajada (la 'moneda feble'). El resultado, calculado por el historiador Antonio Mitre, equivalía a un impuesto indirecto de alrededor del 28% sobre el valor de toda la producción de plata del país.
¿El proteccionismo de Belzu defendía a los bolivianos del comercio extranjero, o era también una forma de que el Estado se apropiara del valor que producían los mineros? Este tema muestra que puede ser, incómodamente, las dos cosas a la vez.
Un régimen de plata que sobrevivió a la independencia
Al fundarse la República, la minería de la plata de Potosí llevaba décadas en crisis: minas inundadas y abandonadas, falta de trabajadores y de mercurio barato, agravado por la destrucción de la guerra de independencia. Pero la estructura básica del régimen colonial de la plata, el control estatal sobre el metal precioso, antes al servicio de la Corona española, ahora al servicio del nuevo Estado boliviano, no desapareció: cambió de dueño.
Sucre (1826-1828) nacionalizó las minas abandonadas y creó un banco encargado de comprar ('rescatar') toda la plata producida en el país para acuñarla en moneda. En 1829, bajo Santa Cruz, se introdujo además la 'moneda feble': una moneda de plata de menor ley que su valor nominal. Durante casi medio siglo después de la independencia, prácticamente toda la plata boliviana —salvo el contrabando— pasó por este monopolio estatal antes de circular como dinero.
El precio real del monopolio: el caso de la Compañía Huanchaca
El mecanismo detrás del 28% no era abstracto: Mitre lo documenta con cifras exactas de una empresa real. Entre 1853 y 1860, la Compañía Huanchaca produjo 312.225 marcos de plata. El precio promedio en el mercado libre era entonces de 11 pesos 2 reales por marco. Pero la compañía estaba obligada a vender toda esa plata al Banco de Rescate estatal, que pagaba menos y en moneda feble (con 20% menos plata que su valor nominal). El resultado: la empresa recibió 3.508.120 pesos, 375.895 pesos menos que si hubiera podido vender al precio de mercado abierto.
Esa diferencia, calculada sobre el conjunto del sistema, equivalía a un impuesto indirecto de 28% sobre el valor de toda la producción de plata del país — sin que existiera ninguna ley que se llamara 'impuesto del 28%'. Cálculos independientes de la época (el economista boliviano Melchor Urquidi, en 1861) llegan a resultados del mismo orden: pérdidas del minero de hasta 33% en la década de 1830, bajando a 25% hacia 1861 a medida que el Banco de Rescate mejoraba ligeramente sus precios.
«De este modo, la producción de plata que llegaba al Banco de Rescate era gravada, indirectamente, con un impuesto igual al 28% de su valor. Este gravamen era excesivo, sobre todo si se tiene en cuenta que se trataba de un impuesto aplicado a la producción y no sólo a las ganancias.»
Antonio Mitre — Los Patriarcas de la Plata: Estructura socioeconómica de la minería boliviana en el siglo XIX (1981), p. 49
El proteccionismo de Belzu, en sus propias palabras
Belzu (1848-1855) fue el más radical de los presidentes proteccionistas de este período. Su programa combinaba cuatro elementos: promoción de la industria textil boliviana, mantenimiento del monopolio fiscal sobre la plata, preservación de la moneda feble, y alza de aranceles a las manufacturas importadas. Incorporó por primera vez al artesanado urbano, no solo a los intereses de la vieja oligarquía regional, en la defensa frente al comercio de importación inglés, lo que lo hizo profundamente popular entre la plebe urbana y profundamente odiado por la élite de mineros y grandes comerciantes. Su gobierno, además, prácticamente dejó de acuñar pesos fuertes (la moneda 'buena'), generalizando la feble.
Un discurso suyo, dirigido a sus seguidores, muestra el tono de su proteccionismo: atacaba a la 'turba de aristócratas' y a la propiedad privada como fuente de conflicto social. Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre qué fue realmente el belcismo: para algunos, un socialismo adelantado a su época; para otros, un recurso demagógico. Mitre ofrece una lectura más precisa: Belzu no era socialista en sentido moderno —su base social eran precisamente los artesanos, dueños de sus propios talleres— sino que identificaba 'propiedad' con el viejo orden aristocrático que él combatía, no con la pequeña propiedad de sus propios seguidores.
«Camaradas, una turba insensata de aristócratas ha venido a ser el árbitro de vuestra riqueza y vuestros destinos... compañeros, la propiedad privada es la fuente principal... de la lucha permanente entre bolivianos. No más propiedad. Abajo los aristócratas.»
Manuel Isidoro Belzu — Discurso citado en Morales (1925) (1925), p. 64 (cita interna en Mitre, 1981, p. 64, tomo I: 396). Mitre cita este discurso vía Morales (1925, I: 396); no se accedió directamente a la fuente de Morales.
«El arma de combate de la economía atrasada que pugna por sobrevivir en un mundo adverso, contra la amenaza de un capitalismo pujante y renovador.»
Guillermo Lora, citado en Antonio Mitre — Los Patriarcas de la Plata (citando a Lora, 1967) (1981), p. 65. Lora describe así el proteccionismo de este período; Mitre lo cita (Lora 1967, I: 80) para contrastarlo con la lectura de Fellman Velarde. No se accedió directamente al texto de Lora.
Después de Belzu: veinte años más de pelea, y la derrota del proteccionismo
La caída de Belzu en 1855 no cerró el conflicto: lo prolongó otras dos décadas, con el resultado invertido. Bajo José María Linares (1857-1861), un dictador financiado por la propia burguesía minera, el péndulo empezó a moverse hacia el librecambio: se redujeron a la mitad los aranceles a los tocuyos importados, se suprimió el monopolio estatal sobre el Banco de quinas, y en 1858 se declararon libres de exportación casi todos los minerales, aunque las pastas y minerales de plata seguían todavía exceptuados. Mariano Melgarejo (1864-1871), pese a su fama de caudillo errático, otorgó concesiones especiales a empresas como Huanchaca para exportar su plata directamente, sin pasar por el Banco de Rescate, un privilegio impensable veinte años antes.
El golpe final llegó recién en 1872: la Asamblea Nacional decretó la libre exportación de pastas y minerales de plata en todo el territorio, y poco después se abolió definitivamente la acuñación de moneda feble. El lenguaje oficial había cambiado por completo. Donde Belzu hablaba de defender a los artesanos de la 'turba de aristócratas', la Memoria de Hacienda de 1872 proclamaba como principio 'incontrovertible' la fórmula del economista francés Quesnay: dejar hacer, dejar pasar.
Pero el sector artesanal y colonial no se rindió sin pelear. El 12 de julio de 1876, más de diez mil artesanos y labradores se reunieron en un cabildo popular en Sucre para exigirle al gobierno que restableciera el monopolio de la plata como única forma de asegurar circulante para sus transacciones — y pidieron, además, que el presidente Hilarión Daza los organizara en 'sociedades conservadoras del orden público', armadas, para defender sus intereses. El gobierno de Daza, que representaba ya intereses muy distintos a los de 1848, no aceptó la propuesta: en 1878 exigió, más bien, que los mineros entregaran al menos una cuarta parte de su plata refinada a la Casa de la Moneda, una medida paliativa que no revirtió el rumbo liberal. Entre Belzu y Daza, en apenas veintitrés años, el poder político había cambiado de dueño.
«La economía ha consagrado como principio incontrovertible, de necesaria e infalible aplicación, la fórmula de Quesnay 'dejad obrar, dejad pasar', es decir, dejad la libertad de trabajar y trabajad por la libertad de disponer como se quiera de los productos del trabajo.»
Ministerio de Hacienda de Bolivia — Memoria del Departamento de Hacienda e Industria (Sucre, 1872), citada en Antonio Mitre, Los Patriarcas de la Plata (1872), p. 67. Marcada como familia 'neo' (liberalismo económico clásico) por contraste deliberado con la cita de Belzu (1848) más arriba en este mismo tema — el mismo Ministerio de Hacienda boliviano, veinticuatro años después.
«sociedades conservadoras del orden público, entre maestros artesanos que tengan propiedades, mujeres, hijos, armándolos competentemente.»
Cabildo popular de artesanos y labradores de Sucre, citado en Antonio Mitre — Los Patriarcas de la Plata (1876), p. 73. Petición del cabildo del 12 de julio de 1876 dirigida al presidente Hilarión Daza, citada por Mitre (1981) vía fuente de archivo de la época.
Cuatro fuentes, una misma política: qué ve cada una
El proteccionismo de Belzu puede leerse desde varios ángulos, y cada fuente de este tema responde una pregunta distinta.
El costo, medido. Mitre calcula lo que el sistema de rescate significaba en la práctica: un impuesto indirecto equivalente al 28% del valor de la plata, aplicado a la producción y no solo a las ganancias. Es la cara que los mineros veían, y la razón concreta de su hostilidad.
La defensa, en sus propias palabras. Belzu hablaba a sus seguidores contra la «turba de aristócratas» y contra la propiedad privada como fuente de conflicto: su política tenía un lenguaje de confrontación social, no de técnica fiscal.
La interpretación posterior. Lora, desde la historia obrera marxista, la lee como «el arma de combate de la economía atrasada que pugna por sobrevivir» frente a un capitalismo pujante: una defensa de lo propio, no necesariamente una ruptura con el sistema.
El giro doctrinal. Veinticuatro años después, el mismo Ministerio de Hacienda proclamaba «dejad obrar, dejad pasar» como principio «incontrovertible»: el liberalismo ya no solo se imponía en los hechos, sino como doctrina oficial.
Puestas juntas, las cuatro lecturas muestran que el proteccionismo de Belzu fue a la vez un costo para unos, una bandera para otros, una estrategia de sobrevivencia para una economía atrasada y, finalmente, una doctrina derrotada por otra.
Preguntas para pensar
- En apenas 28 años, el discurso oficial boliviano pasó de Belzu (1848) atacando a la 'turba de aristócratas' en nombre de artesanos y mineros protegidos, a la Memoria de Hacienda de 1872 proclamando como 'principio incontrovertible' la fórmula de Quesnay ('dejad obrar, dejad pasar'), y de vuelta a un cabildo popular de más de diez mil artesanos en 1876 pidiendo restablecer el monopolio de la plata. Usando estas tres voces primarias, construye una explicación de qué grupo de poder estaba detrás de cada uno de esos tres momentos y por qué el péndulo se movió en esa dirección — ¿a quién representaba realmente cada uno de los tres, más allá de lo que decía defender?
- ¿Por qué crees que la 'plebe' de artesanos apoyaba tan fuertemente a Belzu, mientras la élite de mineros y comerciantes lo odiaba? ¿A quién beneficiaba realmente su gobierno, en tu opinión?
- El impuesto indirecto del 28% sobre la plata no aparecía como una ley de impuestos explícita — pasaba por el precio y la calidad de la moneda. ¿Qué otros ejemplos conoces, históricos o actuales, de mecanismos que extraen valor sin llamarse formalmente 'impuesto'?
- ¿Cómo crees que reaccionarían los mineros bolivianos frente a este sistema? ¿Qué tendría que cambiar en el poder político para que ese monopolio estatal terminara?
Ejercicios y simulaciones de este tema
- Tres voces sobre el mismo proteccionismo
- El costo real del monopolio estatal
- Comprueba lo aprendido
Los ejercicios, las simulaciones y la autoevaluación funcionan en la plataforma LabEco.