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Módulo 1 · Sección C · Tema 1

Teoría del consumidor

Con un ingreso limitado y muchas necesidades, ¿cómo decide un hogar boliviano cuánto comprar de cada cosa — y por qué casi nunca gasta todo su presupuesto en un solo bien?

El presupuesto de una familia no alcanza para todo

Cada mes, el Instituto Nacional de Estadística (INE) hace seguimiento a lo que se conoce como la canasta familiar: un conjunto de bienes y servicios que una familia boliviana típica consume regularmente (alimentos, transporte, vivienda, salud, educación, entre otros). Ninguna familia real gasta su ingreso entero en un solo rubro de esa canasta. Ni siquiera las familias de menores ingresos, que dedican una proporción mayor a alimentos, dejan de comprar nada más.

¿Por qué un hogar reparte su presupuesto entre distintos bienes en vez de concentrarlo todo en el que más valora? Y cuando el ingreso cambia, o cuando un bien se encarece, ¿qué determina cómo se reacomoda esa repartición?

Utilidad y utilidad marginal decreciente

La utilidad es la satisfacción que una persona obtiene de consumir un bien o servicio. La utilidad marginal es la satisfacción adicional que aporta una unidad más de ese bien. La ley de la utilidad marginal decreciente establece que, a medida que una persona consume unidades adicionales de un mismo bien, la satisfacción que le aporta cada unidad nueva tiende a ser cada vez menor: el primer plato de comida del día vale mucho más, para alguien con hambre, que un quinto plato en la misma comida.

Esta idea, aunque parezca simple, explica por qué las personas prefieren diversificar su consumo. En algún punto, gastar el siguiente peso en un bien distinto empieza a aportar más satisfacción que seguir comprando más del mismo bien.

La restricción presupuestaria

La restricción presupuestaria (o recta de balance) representa todas las combinaciones posibles de dos bienes que un consumidor puede comprar con un ingreso fijo, dados los precios de ambos. Si el ingreso es M, y los precios de los bienes X e Y son Px y Py, la restricción es: (Px × X) + (Py × Y) = M.

Esta ecuación retoma la misma lógica del costo de oportunidad vista en A.2: cada unidad adicional de un bien que el consumidor decide comprar implica renunciar a una cierta cantidad del otro bien, determinada por la relación entre sus precios (Px/Py), que es la pendiente de la restricción presupuestaria.

La elección óptima: donde el consumidor deja de intercambiar

El consumidor elige, dentro de todo lo que su restricción presupuestaria le permite, la combinación de bienes que le da la mayor utilidad total posible. La condición de elección óptima es que la relación entre las utilidades marginales de los dos bienes sea igual a la relación entre sus precios: la última unidad de dinero gastada en cada bien debe aportar la misma utilidad marginal, sin importar en qué bien se gaste. Si comprar un poco más de leche y un poco menos de pan aumentara la utilidad total, el consumidor todavía no llegó a su punto óptimo. Ese es el mecanismo por el cual las familias reparten su presupuesto entre distintos bienes en lugar de concentrarlo todo en uno solo, como planteaba el problema inicial.

Preguntas para pensar

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