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Módulo 1 · Sección B · Tema 5

Controles de precios: topes, pisos y el caso boliviano

El subsidio a los carburantes mantiene un precio artificialmente bajo, y el salario mínimo nacional mantiene un precio artificialmente alto (el precio del trabajo). ¿Por qué el mismo modelo de oferta y demanda predice consecuencias distintas para cada uno?

Dos controles de precio, dos direcciones distintas

Como viste en A.4, el subsidio a los carburantes mantiene el precio de la gasolina y el diésel por debajo de lo que costarían sin intervención estatal, y cuando el gobierno intentó eliminarlo en diciembre de 2010, la reacción fue tan fuerte que la medida se revirtió en cinco días.

Bolivia también fija, cada año, un salario mínimo nacional por decreto: un piso legal por debajo del cual ninguna empresa puede pagar a un trabajador formal, sin importar lo que la oferta y la demanda de ese tipo de trabajo indicarían por sí solas. Para 2026, ese piso quedó fijado en Bs 3.300 (Decreto Supremo 5516), un 20% más que el año anterior.

Uno de estos controles empuja el precio hacia abajo; el otro lo empuja hacia arriba. Ambos son intervenciones deliberadas del Estado sobre un precio de mercado, pero, como vas a ver, generan tipos de desequilibrio distintos.

Precio tope (o techo): un límite máximo

Un precio tope (o precio techo) es un límite máximo legal al precio de un bien, fijado por debajo del precio de equilibrio de mercado. El subsidio a los carburantes funciona, en la práctica, como un tope: el precio que paga el consumidor final queda fijado por debajo de lo que costaría producirlo y venderlo sin subsidio.

Como viste en B.2, cuando el precio queda por debajo del equilibrio, la cantidad demandada supera a la cantidad ofrecida: se genera escasez. En el caso de los carburantes subsidiados, esa escasez no se manifiesta como filas visibles todo el tiempo porque el Estado asume el costo fiscal de sostener la oferta, pero si ese costo se vuelve insostenible, la escasez puede aparecer de golpe (desabastecimiento, mercado negro, contrabando hacia países vecinos, como viste en A.4).

Precio piso: un límite mínimo

Un precio piso es un límite mínimo legal al precio de un bien, fijado por encima del precio de equilibrio. El salario mínimo nacional es el ejemplo clásico: fija un precio mínimo para el trabajo formal.

Cuando el precio queda por encima del equilibrio, la cantidad ofrecida supera a la cantidad demandada: se genera excedente. En el caso específico del mercado laboral, ese excedente de oferta de trabajo (personas dispuestas a trabajar a ese salario o menos, que no encuentran empleo formal a ese precio) es una de las explicaciones del desempleo o de la informalidad laboral, tema que vas a retomar en profundidad en D.2.

Entonces, ¿por qué persisten los controles de precios?

Si el modelo predice escasez o excedente en ambos casos, ¿por qué los gobiernos los mantienen? Acá es donde se cruza con lo que viste en A.7: la decisión de mantener un control de precios rara vez es puramente técnica (positiva), casi siempre incluye un juicio de valor (normativo) sobre a quién se quiere proteger. El subsidio a los carburantes protege el poder adquisitivo de quienes dependen del transporte (casi todos), aunque genere ineficiencias fiscales y de mercado; el salario mínimo busca proteger el ingreso de los trabajadores formales, aunque pueda dificultar la contratación formal de quienes tienen menor productividad o experiencia. El análisis de oferta y demanda no dice si esos objetivos valen o no el costo, eso es una pregunta normativa. Lo que sí puede hacer es mostrar, con precisión, cuál es ese costo.

Preguntas para pensar

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